Relojes De Piloto: La Historia

@aviationwatchcollector

Este artículo es la continuación de Relojes De Piloto: ¿Qué Son?

La historia de este tipo de relojes no es un tema especialmente original ya que ha sido tratado por los medios del sector en numerosas ocasiones previas y me referiré a algunas de estas fabulosas entradas en este artículo.

Dicho esto, considero que un poco de visión histórica es importante antes de adentrarnos en las facetas, complicaciones e incluso estéticas de este tipo de relojes, que presentaré en una tercera entrada. También es mi intención expandir la “historia” que se suele relatar para que también abarque a los relojes de piloto más contemporáneos.

Pero antes de cubrir la parte horológica, os ofrezco una breve introducción al mundo de la aviación. El que quiera pasar directamente al apartado de los relojes no tiene más que pinchar aquí.


Preámbulo: Una Breve Historia De La Aviación

Los humanos se interesaron por el vuelo hace milenios.

Las cometas ya se volaban en China ace milenios. Del s.VI de nuestra era, hay evidencia de que existieron cometas capaces de transportar personas, pero que curiosamente se usaron para castigo de prisioneros, como en el caso de Yuan Huangtou, hijo del emperador de China de la época. Sobrevivió al vuelo para morir más tarde de inanición en prisión.

Luego llegó la fase de los “saltadores de torres”, con artefactos que asemejaban alas de pájaro. Todo empieza con la leyenda de Ícaro y sigue hasta la edad media, aunque sin ciencia establecida que describiera la relación entre impulso, sustento, resistencia y peso, muchos de estos innovadores acabaron lesionados o muertos. Aunque las fuentes son escasas y a su vez difíciles de corroborar, dos relatos citan al científico andaluz Abba ibn Firna (810-887 DC) como gran protagonista de esta fase. En el año 852, saltó desde una torre con una gran lona y por ello se le considera el primer paracaidista de la historia. En el año 875, ya con 65 años, saltó con alas de madera y seda recubiertas de plumas. Sobrevivió al intento, pero se dañó seriamente la espalda en el aterrizaje. Su papel es reconocido en el mundo árabe con una estatua de él en el aeropuerto de Baghdad, además de un puente con su nombre en Córdoba.

Pero no hay duda de que Leonardo da Vinci merece mención especial por ser el primero en concebir maquinas voladoras siguiendo el método científico. Su trabajo en este campo fue extenso e increíble. Recuerdo disfrutar de una visita al Il Museo Leonardo e Archimede en Siracusa el año pasado con mi familia (es un entorno ideal para críos, por si alguna vez pasáis por allí). Pero quizás la mejor exhibición permanente sobre el trabajo de Leonardo da Vinci es la que se encuentra en el Museo Nazionale della Scienza e della Tecnologia Leonardo da Vinci en Milan.

Fuente: https://www.museoscienza.org/en/leonardo/galleries

Luego llegarían los globos tripulados, a finales del s.XVIII, aunque la idea original del globo también surgió en China en el s.III, cuando las linternas volantes tuvieron su primer uso militar para enviar señales en campaña. Es importante citar el trabajo de Bartolomeu de Gusmão, que concibió y experimento con globos en Portugal a principios del s.XVIII. No se sabe a ciencia cierta si consiguió levantar su globo, “la Passarola”, con él a bordo, pero hay ciertos indicios que pudo haber pasado. Pero el crédito del primer vuelo tripulado se atribuye unánimemente a los hermanos Joseph-Michel y Jacques-Étienne Montgolfier, que lo demostraron públicamente el 19 de septiembre de 1783, en un vuelo de 10 minutos de duración. 11 años más tarde, el globo se usó por primera vez en una campaña militar, en la batalla de Fleurus.

Durante gran parte del s.XIX, los avances se centraron en diseñar globos dirigibles. El primer éxito fue el de Henri Giffard en 1852, cuando voló de manera controlada a bordo de un dirigible que se desplazó 24 km en Francia, propulsado por una máquina de vapor. En 1884, el ejército francés ya disponía de un dirigible de propulsión eléctrica, La France, de 52 m de largo y que cubrió una distancia de 8 km en 23 minutos en su vuelo inaugural.

Muchos de estos aparatos demostraron no ser viables por su debilidad y no se avanzó mucho más hasta el desarrollo de los motores de combustión interna y el diseño de dirigibles que no fuesen rígidos estructuralmente, sino que su rigidez emanase de la presión interna del gas (normalmente helio) que los sustentaba. El pionero más exitoso en este campo fue el brasileño Alberto Santos-Dumont, merecedor en el año 1901 del Deutsch de la Meurthe Prize tras volar su dirigible No. 6 sobre Paris. Aunque nos adelantemos un poco, Santos-Dumont continuó diseñando y volando con varios aviones y su vuelo en 1906 a bordo del 14-bis se considera como el primero vuelo con motor certificado en Europa. También desarrolló el primer monoplano, el Demoiselle, que obtuvo el primer récord certificado del mundo de la aviación.

Santos-Dumont dejó la aviación tras un accidente, afectado por el estrés o la esclerosis múltiple que padecía. Su gran legado en el mundo de la aviación quedó algo manchado por sus controvertidas opiniones sobre los logros de los hermanos Wright, sobre los que hablaremos en breve. Pero es un personaje importantísimo en lo que concierne a los relojes de piloto, por motivar el que se reconoce como primero de ellos: el Cartier Santos, con el que introduciré la sección sobre los relojes de piloto.

Mientras todo lo descrito más arriba pasaba en el viejo continente, los norteamericanos no iban a la zaga. La contribución de Samuel Pierpont Langley es destacable. Aparte de ser un gran investigador temprano en el campo de la aerodinámica, en 1896 su Aerodrome No. 5 motorizado voló por primera vez. Era una nave sin piloto y de tan solo 11 kg, por lo que sería más justo considerarlo un aeromodelo, que además usaba una catapulta para despegar. El vuelo fue fotografiado por Alexander Graham Bell en una imagen que recojo a continuación. El Smithsonian lo considera el primer aparato “capaz de volar”.

Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Samuel_Langley

Otro distinguido pero a la vez desconocido pionero fue Gustave Whitehead (Gustave Weißkopf), un alemán de origen afincado en Estados Unidos. Desde 1897 hasta 1915 fue un auténtico pionero de la aviación. En agosto de 1901, casi dos años y medio antes que los hermanos Wright, aparentemente voló a bordo de su aparato motorizado, el Number 21 monoplane. Se informó sobre su hazaña en la prensa local y el vuelo fue corroborado por numerosos testigos años después. Sin embargo, tanto el Smithsonian como muchos historiadores disputan que este vuelo hubiese tenido lugar.

Y por fin toca citar a los Hermanos Orville y Wilbur Wright, a quien se les reconoce haber diseñado el primer avión capaz de sostener el vuelo motorizado y controlado. El gran mérito de los hermanos Wright fue su proceso, basado en la ingeniería y las pruebas continuas en túnel de viento y en vuelo real. Primero con veleros y por fin con motor, estudiaron profundamente la propulsión, los controles y la seguridad en vuelo. El Wright Flyer voló en cuatro ocasiones el 17 de diciembre de 1903, a unos 6 km de Kitty Hawk, en el estado de North Carolina. Del primer vuelo de tan solo 12 segundos de duración y 37 metros de distancia, quedó una famosa muestra fotográfica que obviamente os enseño más abajo.

El Wright Flyer no era capaz de despegar por si mismo; dependía de un rail y un sistema de catapulta. Además, apenas era controlable. Dicho esto el Wright Flyer III ya no requería catapulta y era una versión muy mejorada en todos los sentidos. Se estrenó el 23 de junio de 1905. En pruebas el 5 de octubre de 1905, Wilbur Wright hizo un vuelo orbital de casi 40 km en 39 minutos y 23 segundos, es decir una duración mayor que todos los vuelos emprendidos durante 1903 y 1904. Tan solo cuatro días después, escribieron al Secretario de Estado de Guerra de los EE. UU., William Howard Taft, para ofrecerle en venta el primer avión práctico de ala fija del mundo.

El debate sobre quién fue primero en tripular un avión sigue abierto. Los hermanos Wright fueron los primeros en conseguirlo, pero se debate si sus aparatos sin ruedas, al principio incapaces de despegar por si mismos y apenas controlables en el aire, merecen ese honor. Además, la primera certificación oficial de la Fédération Aéronautique Internationale la obtuvo Santos-Dumont, en lo que podría considerarse el primer avión moderno. De todo esto nace un debate que persiste. Personalmente, me interesa muy poco, porque considero extraordinaria la contribución a esta etapa de tanto los hermanos Wright como de Santos-Dumont.

Pero bueno, dejo esto de lado, porque lo que es más que evidente es que el creciente interés militar por la aviación y los diversos premios internacionales que se ofrecieron a estos pioneros de la aviación resultaron en un periodo de grandes avances hasta la Gran Guerra, cuando los aviones fueron usados extensamente en operaciones de reconocimiento, defensa y ofensa. ¿Quién no ha oído hablar de Manfred von Richthofen, el Barón Rojo, y su triplano, el Fokker Dr.I? Pero bueno, vayamos por partes…

Ejemplos de estos rápidos avances son las distintas versiones del citado Demoiselle de Santos-Dumont, que además de ser monoplano introdujo alerones en las alas, un elevador y timón en cruz en la cola y contaba con un tren de aterrizaje convencional sobre el que se sentaba el piloto. El Demoiselle No. 19 se podía construir en 15 días y fue el primer aparato que se fabricó en serie. Llegó a alcanzar una velocidad de 120 km/h.

En 1908, Wilbur Wright viajó hasta Europa para enseñar su avión. Según cuentan, los espectadores se quedaron impresionados por su capacidad de girar en poco espacio y de un modo tan controlado, reflejando la superioridad de su diseño en términos del control de viraje.

El siguiente año también fue espectacular, con dos eventos de gran significado: el primer vuelo en atravesar el Canal de la Mancha, por el afamado Louis Blériot, y el primer certamen aéreo del mundo, la Grande Semaine d’Aviation en Reims.

Todo se acelera durante la Gran Guerra. La aviación empieza a tomar un papel fundamental en la misma. Al finalizar esta, las naciones se dan cuenta del enorme potencial bélico de los aviones. Su progreso y modernización es imparable y culmina en el estallido de la segunda guerra mundial. A partir de allí llegó la era del reactor que representó otro gran salto hacia adelante, al igual que lo fueron la informatización digital, el gran desarrollo de la aviación comercial de los últimos años, y lo más reciente, la aparición de los drones.

Pero dejo este repaso histórico en este punto porque a principios del s.XX el reloj de pulsera se establece y empezó a usarse en el mundo de la aviación, como analizo a continuación. Imagino que esto es lo que verdaderamente os interesa, aunque creo que era importante volver un poco atrás, a ese mundo sin apenas aviones y que en parte es parecido al actual, ya que el Covid-19 nos ha cortado las alas a todos, pilotos como yo incluidos.


La Historia De Los Relojes De Piloto

El primer apunte importante que tengo que hacer es que no existe controversia alguna sobre dónde origina el primer reloj de piloto, que fue en Europa.

Cartier

Tal como se relata en este artículo de Monochrome (el primero de una fabulosa serie de cinco entradas), el excéntrico Alberto Santos-Dumont celebraba por todo lo alto su premio Deutsch-Archdeacon en el restaurante Maxim’s de París. Entre brindis y brindis, se quejó a su amigo Louis Cartier de lo difícil que era mirar su reloj de bolsillo en vuelo ya que debía mantener las manos en los mandos del avión. Louis Cartier le escuchó detenidamente, lo que derivó en un momento ¡Eureka! La idea del reloj Cartier Santos-Dumont se engendró esa noche y este es, sin duda, el primer reloj de piloto, una proeza que Cartier sigue publicitando a día de hoy.

Zenith

La siguiente pieza estrella en la historia de los relojes de piloto y con algunas de las características que todavía los distinguen es el que llevó Louis Blériot y al que la marca Zenith orgullosamente dedica una página completa en su web, más de 100 años tras la hazaña del francés cuando consiguió cruzar el Canal de la Mancha en avión por primera vez. Blériot habló públicamente y muy bien además, de su experiencia con el reloj de la marca:

“I am very satisfied with the Zenith watch, which I usually use, and I cannot recommend it too highly to people who are looking for precision.”

Esta publicidad impulsó a Zenith en el campo de los relojes de piloto y el de los instrumentos de cabina. Estos últimos, a su vez, empezaron a influir en el diseño de los relojes, en un perfecto bucle de retro alimentación. De la pieza que llevó Blériot derivó el Zenith Special de 1916, que muestro a continuación.

Es destacable que el Zenith Special, o Type 20, es el primer reloj de piloto donde se ve una gran corona tipo “Onion”, un dial negro, en este caso esmaltado y grandes números arábigos. Es decir, la esfera ofrecía un gran contraste para su fácil lectura y la corona estaba pensada para su manipulación con guantes puestos.

Mark V Y Mark VI

También de la Gran Guerra hay que destacar los relojes de la RAF, que cubrió Monochrome en la tercera parte de su serie sobre la historia de los relojes de piloto. Supone desviarnos un poco de la senda de los relojes de pulsera porque ambos ejemplares eran de bolsillo, aunque estaban diseñados para ser colocados en el panel de la cabina. Llevaban un tubo enorme para permitir su remonte en vuelo cuando estaban colocados entre los instrumentos. También se caracterizan por la “A” grabada en su trasera además de la conocida marca de reloj de dotación, la “Broad Arrow”. Fueron fabricados por Zenith, Omega, Doxa y Electa.

Hamilton

La siguiente marca que hay que citar es Hamilton que en 1918 fue elegida para suministrar relojes para el servicio de correos norteamericano, el U.S. Airmail Service. La marca narra esta contribución y otras más, en la publicación Hamilton Stories 1, que encontraréis en su página de web.

Hamilton llegó a la aviación de la mano de su gran presencia en el sector ferroviario, que ya relató nuestro compañero @admin en su artículo sobre el Grade 920. Su introducción en 1912 del primer reloj de pulsera para el segmento ferroviario (el No. 981) fue un claro precursor de su eventual presencia en el mundo de la aviación (tanto militar como civil), que todavía perdura a pesar de dejar sus raíces americanas en 1969 y más tarde pasar a formar parte del Grupo Swatch.

Longines

Longines ofreció increíbles avances para apoyar la navegación aérea a finales de los años 20 y principios de los años 30. Ya escribí extensamente sobre ello en un artículo dedicado al Longines Lindbergh Hour Angle.

El antecesor del Lindbergh Hour Angle fue el Weems Second-Setting Watch, diseñado por el Capitán Philip Van Horn Weems, un oficial de la marina americana pionero de la navegación moderna. Su propósito era corregir la diferencia entre los segundos que marcaba el reloj y el tiempo real recibido a través de señales de radio. Unos segundos aquí o allá no son importantes en la vida corriente, pero para navegar distancias largas, estas inexactitudes pueden introducir grandes errores y conllevar peligro. Su principal componente es un anillo central rotativo, que permite una especie de parada del segundero con el reloj en marcha, en esencia tomando una nueva referencia. El capitán Weems junto a Wittnauer (Longines en EE.UU.), desarrollaron en 1929 esta pieza. El anillo se gira sacando la corona hasta la primera posición. Longines sigue ofreciendo una versión contemporánea de esta pieza, que también muestro a continuación.

Una de las grandes lecciones aprendidas por Lindbergh durante su viaje transatlántico en 1927 fue la necesidad de determinar la posición el mínimo número de veces con la mayor precisión posible. Hay un famoso dicho entre los pilotos que es “aviate, navigate, communicate”, que establece las prioridades en vuelo. Lo primero, siempre, es pilotar. La navegación, sobre todo si uno vuela solo es un factor de distracción. Con esto en mente, Lindbergh se pone manos a la obra para mejorar el diseño de Weens y presenta un boceto que Longines hace realidad en 1931.

Fuente: https://journal.hautehorlogerie.org/en/pilot-watches-mastering-the-hour-angle-ii/

Así nació el Lindbergh Hour Angle, un reloj que permitía determinar la longitud basado en la hora GMT, calculando la diferencia de ángulo horario con respecto a Greenwich. Para ello, hacían falta tres cosas: primero, la hora GMT, que se transmitía vía radio; segundo, un almanaque náutico para conocer la ecuación del tiempo en la fecha en la que se tomaba la medición y, finalmente, entender la simple relación entre la hora y la longitud. Básicamente, cada hora de diferencia entre la hora en Greenwich y la hora local corresponde a 15 °, ya que 15 º x 24 h es igual a los 360 º de circunferencia del planeta. Esto supone que cada cuatro minutos representan un grado de longitud. A su vez, 60 segundos representan 15 minutos de arco.

El reloj también permitía tener en cuenta los ajustes necesarios derivados de la ecuación del tiempo, es decir, la diferencia entre la hora verdadera solar y lo que se denomina “mean time”, o las 24 horas en que por convención, se han dividido los días civiles. Estas diferencias se deben a que la órbita del planeta no sea una circunferencia perfecta. Esto afecta a la velocidad de órbita alrededor del sol. También afecta el desplazamiento del sol dentro de la galaxia, que desde nuestra perspectiva se ve influenciado por la inclinación del eje del planeta. Debido a todo esto sólo cuatro días solares del año duran exactamente 24 horas; todos los demás días solares tienen una duración distinta, desde 16 minutos y 25 segundos menos hasta 14 minutos y 15 segundos más.

IWC

Otro fabricante actual que se involucró en el segmento de los relojes de piloto en la década de los 30 fue IWC. Su primera contribución fue el robusto Special Pilot’s Watch, con un cristal resistente, bisel rotativo y un escape antimagnético. En 1940, IWC se convirtió en uno de los suministradores de relojes de observador (B-Uhr) de la Lufwaffe, pero me centraré en ello en el siguiente capítulo. Era una versión súper grande, de 55 mm de diámetro, que portaba una correa larguísima de doble lazo para poder llevarlo por encima de la cazadora de vuelo; elementos para permitir llevarlo fácilmente y poder leer la hora al instante. Los B-Uhr fabricados por IWC son de los más difíciles de encontrar por el bajo número de ejemplares que se produjeron, tan solo 1.000 según esta fuente. El B-Uhren inspiró la línea Big Pilot que aún sigue siendo un producto estrella de la marca IWC. De dimensiones algo más pequeñas que los originales pero todavía intencionadamente grandes. Tras la Segunda Guerra Mundial, IWC, entre otros, suministró el Pilot Mark XI a la Royal Air Force británica. La marca sigue muy estrechamente vinculada con el mundo de la aviación, continuando su tradición de diseñar y producir relojes con el piloto en mente.

Los Relojes De Piloto De La Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial movilizo a fuerzas armadas en todo el planeta y tuvo un impacto significativo en el mundo de la relojería. Todos los grandes contendientes desarrollaron piezas para las fuerzas armadas y tan sólo esto merecería ya una entrada. Es por ello por lo que me voy a centrar en los relojes más singulares que tuvieron un papel especialmente importante en el mundo de la aviación. Empiezo por Europa…

La Lufwaffe promovió dos tipos de relojes. Los primeros son comúnmente conocidos como “Fliegers”, en referencia a los “Beobachtungsuhren” o “B-Uhren” con designación FL2883 y también conocidos como relojes de observación. De éstos se encuentran dos tipos de esfera, el Type A usado hasta enero de 1941, y el Type B a partir de entonces. Entre sus proveedores está el ya mencionado IWC, y además LacoStowaA. Lange & Sohne y Wempe.

También se produjeron “Fliegers” cronógrafos para la Luftwaffe que fueron fabricados por dos marcas históricas: Tutima con base en Glashütte y Hanhart en Schwenningen, en la Selva Negra. Ambas siguen produciendo relojes de piloto, la primera después de un renacimiento relativamente reciente, a partir del 2011, cuando vuelve a Glashütte de donde se había desplazado en 1945 tras ser bombardeada su fábrica por los soviéticos y luego ser saqueada para finalmente quebrar en 1956.

También debo citar los relojes específicamente suministrados a la Royal Air Force (RAF). Más allá de los súper conocidos “Dirty Dozen” que portaron las fuerzas armadas británicas en la Segunda Guerra Mundial, que pueden considerarse crudos relojes de batalla, la RAF necesitaba herramientas de mucho mejor calidad. Imaginad su importancia para bombardear el sitio correcto o calcular el tiempo de vuelo restante para poder volver a la base de salida. Tres piezas jugaron un papel primordial.

El primer reloj que debo mencionar fue designado como el Mk 7A (6B/159), que fue producido por Omega, Longines y Jaeger-LeCoultre para los navegadores. Las especificaciones requerían una esfera blanca, marcadores arábigos negros, agujas azuladas sin luminiscencia, segundero central y una caja cromada o de acero inoxidable.

Fuente: https://anordain.com/blogs/news/100-years-of-british-military-watches

En enero de 1940, la RAF también ordenó 2.000 ejemplares del Omega CK2129 para sus pilotos de caza. La pieza es bien conocida por haber figurado en el largometraje Dunkirk en la muñeca del actor Tom Hardy (“Farrier”) al mando de un Spitfire. La pieza debía ser legible, precisa, robusta y ofrecer cronometraje de algún tipo. El diseño incorporaba un bisel rotativo con una segunda corona de seguridad, posiblemente el primero de este tipo. El cronometraje utilizaba el concepto diseñado por el Capitán Philip Van Horn Weems al que hacía referencia más arriba: el bisel servía para fijar el comienzo del cronometraje.

La tercera pieza a destacar es el Omega CK2292 que se suministró a partir de 1942. Se presentaba sin bisel, pero aportaba nuevas características que fueron muy importantes para el desarrollo futuro de la marca Omega. El muelle del escape estaba hecho de una aleación no ferrosa, aportándole propiedades antimagnéticas, y se aumentó el número de rubíes hasta 16. Se considera que estos avances se utilizaron en los lanzamientos del Seamaster y el Railmaster tras la Segunda Guerra Mundial.

Quedándonos en Europa, creo que es importante por lo menos citar la aportación soviética. Un artículo previo nuestro ya describió en detalle el caos por el que paso la incipiente industria relojera en la Unión Soviética debido a la Segunda Guerra Mundial, ya que tuvo que ser evacuada al este tras la invasión alemana de 1941. En la nueva fábrica de Chistopol, que eventualmente pasaría a ser Vostok, se produjo una variante del Type-1 para las fuerzas armadas.

También se desarrollaron cronógrafos para las fuerzas aéreas, aunque en volúmenes muy reducidos y son piezas de las que se conoce relativamente poco. Afortunadamente, el Club Ruso de Coleccionistas de Relojes (Российский Клуб Коллекционеров Часов) nos ofrece esta bella imagen de los cuatro modelos que se conocen, el último (de la fila de abajo) una versión civil de este tipo de reloj. Topos ellos venían equipados con un rudo clon del calibre Valjoux 61 y van datados con el sello del tercer trimestre de 1941. El de arriba es una versión tres agujas fabricado para las fuerzas aéreas soviéticas, en el que falta el módulo del cronógrafo y un puente ha sido removido. Los dos de la segunda fila son cronógrafos mono pulsantes, de nuevo construidos para las fuerzas aéreas, con el de la derecha mucho más común que el de la izquierda, que es una pieza verdaderamente rara.

Fuente:
https://www.facebook.com/107566330897077/photos/pcb.2952393998215031/131541368499573/

Por el lado norteamericano, es absolutamente imprescindible citar los relojes construidos bajo el A-11 Military Spec. Los produjeron las marcas norteamericanas Elgin, Bulova y Waltham. La especificación recogía los siguientes requisitos. En primer lugar, debía ser lo suficientemente robusto para soportar las condiciones en el campo de batalla, es decir, debía ser resistente al polvo, al agua y a las temperaturas extremas. En segundo lugar, sus calibres debían ser robustos y proporcionar precisión de ±30 segundos/día y una reserva de marcha de 30-56 horas. Se suministraron millones de unidades de este reloj, que es conocido como el reloj que ganó la guerra. Se suministró a la USAAF, la Royal Canadian Air Force, la Royal Air Force, y la Fuerza Aérea Soviética.

Para acabar este periplo de los relojes de piloto de la Segunda Guerra Mundial necesariamente hay que mencionar el Seikosha “Kamikaze”. Obviamente, son escasísimas las unidades que sobrevivieron. Se asemejaba estéticamente a los B-Uhren alemanes por su corona sobredimensionada y por llevarse por encima de la cazadora de vuelo, aunque añadió un bisel rotativo para contar tiempo de vuelo, algo que no se encuentra en los Fliegers tradicionales.

Breitling

En 1941, Breitling presentó su primer Chronomat, con la referencia 769. Se había empezado a trabajar en él en 1940, tras la solicitud de una patente relacionada con un diseño que la empresa preparaba para el gobierno suizo. Su innovación fue añadir una regla de cálculo, que se operaba mediante un bisel rotativo, a un cronógrafo. Breitling no fue el primero en patentar la regla de cálculo ni en lanzar un reloj de pulsera con ella, ya que ese honor lo merece Mimo (luego parte de Girard-Perregaux) que sacó su modelo Loga de tres agujas el año anterior. Sobre esta cronología encontraréis muchos detalles en este artículo de Revolution Watch, que además cita que la regla de cálculo ya se había visto en relojes de bolsillo en el s.XIX.

Dicho todo esto, la combinación de la regla de cálculo y cronógrafo resultó la ganadora y de este Chronomat desciende el famoso Navitimer de 1952, con la regla de cálculo ya convertida en una calculadora de vuelo completa (lo que se denomina una E6B, como ya expliqué en un artículo previo sobre el Breitling Montbrilliant Datora). Gracias al genio e impulso de Willy Breitling, el Navitimer se promocionó exitosamente entre los pilotos a través una asociación con la AOPA (Aircraft Owners and Pilots Association) Pienso que hasta la fecha es el reloj de aviación más reconocido de todos ellos.

La regla de cálculo ha continuado siendo una característica importante de los relojes de piloto, algo que exploraré en el siguiente capítulo. Breitling, además, contribuirá de nuevo al desarrollo del campo de los relojes de piloto una vez llega la etapa del cuarzo, como explico más abajo.

Rolex

La todopoderosa Rolex se introdujo en el espacio de la aviación en 1945, cuando lanzó el Air King con la referencia 4925, en lo que es considerado un tributo a los pilotos de la Royal Air Force que llevaron versiones del Oyster durante la Segunda Guerra Mundial. Era un modelo sencillo presentado en caja Oyster, con bisel liso, una esfera nítida y legible y con un calibre de carga manual. El Air King ha mutado constantemente desde entonces y de hecho desapareció brevemente de la colección entre el 2014 y el 2016, para emerger en un formato más deportivo, distintivo y bastante polarizante. Muestro la primera y la última referencia en las siguientes imágenes.

Hay otra pieza de Rolex, el Date Just Turn-O-Graph, que quizás sea la menos querida de todas ellas a lo largo de la historia de la marca, pero de la que es necesario resaltar su importante papel en el mundo de la aviación. Lanzado en 1953, representanta el primer reloj de Rolex en incluir un bisel rotativo. La casa especializada en relojes de Rolex de segunda mano, Bob’s Watches, tiene unos artículos magníficos (aquí y aquí) sobre esta pieza. La referencia inicial, la 6202, se parece mucho al Submariner, que se anunció un poco más tarde ese mismo año, y salió a la venta el siguiente. Yo creo que es un reloj muy especial por varios motivos. En primer lugar, quizás puede ser considerado el primer reloj herramienta de la casa, cuya raison d’être actual son precisamente este tipo de relojes. En segundo lugar, mientras que el Air King fue meramente una pieza lanzada en honor de los pilotos de la Segunda Guerra Mundial, el Turn-O-Graph debe considerarse el primer reloj de Rolex pensado para su uso por ellos. A continuación, muestro imágenes extraídas del gran trabajo de Bob’s Watches que nos muestra la primera referencia, un anuncio de la versión Thunderbird (el escuadrón de exhibición de la USAF de la época) y la referencia 116264 de principios del s.XXI.

Cubiertos el Air King y el Turn-O-Graph, no hay duda de que el reloj estrella de la marca Rolex en el segmento de la aviación es el GMT Master. La referencia 6542 fue presentada por primera vez en 1954 tras una colaboración con la hoy difunta aerolínea Pan American Airways. Añadió una aguja GMT que giraba una vez cada 24 horas, además de las agujas tradicionales de 12 horas. El bisel rotativo (de baquelita originalmente) permitía el seguimiento de una tercera franja horaria. Como muchos de los otros modelos de Rolex, ha pasado por muchísimas iteraciones y mejoras desde entonces, pero sigue siendo fiel al concepto inicial y es un reloj extraordinariamente popular tanto entre pilotos como viajeros, además de ser un reloj de uso habitual por muchos amantes de la marca. ¿Quién no conoce el “Pepsi”, el “Batman”, el “Batgirl” o el “Root Beer”? Os ofrezco a continuación unas imágenes de la primera referencia y de publicidad vinculada con la siguiente, la 1675.

Glycine

Una vez citado el Rolex GMT Master, es absolutamente necesario dejar sentado que el primer reloj presentado al mercado con la intención de mostrar la hora GMT fue el Airman de Glycine. Salió en 1953 y es un reloj sobre el que hemos escrito anteriormente: en primer lugar cuando se repasó su importante papel histórico y en segundo lugar al presentar una reseña de mi Airman.

El Airman nació en otros tiempos, fruto de una conversación en la cabina de un avión entre un gerente de “Altus”, compañía relojera ligada a Glycine Watches, y un oficial de vuelo de un DC-4 de la compañía Thai Airways en un vuelo hacia Calcuta. De esta conversación surgió una carta dirigida al propietario de Glycine, Charles Hertig, en la que se narraba el intercambio y que resultó en una patente del sistema de bloqueo del bisel y el afamado reloj.

Los requisitos iniciales eran bastante básicos: un reloj automático, resistente al agua, con calendario, una esfera de 24 horas con agujas centrales y un bisel rotativo de 24 h. Es de destacar que la necesidad de una aguja GMT independiente no se cita entre los requisitos ni aparece en principio. Dicho esto, años más tarde se incorporó permitiendo la lectura de una tercera franja horaria (la del reloj de 24 horas, la de la aguja GMT, y la indicada por el bisel).

En el fabuloso blog (Glycintennial.com) de Emre Kiris, miembro del grupo de Facebook Glycine Watch Collectors, encontraréis infinidad de detalles sobre el origen del Airman y su desarrollo. Otra gran fuente de información es un artículo de Timepiece Chronicle, detallando las versiones del Airman que han aparecido con el paso de los años. De esta última publicación muestro imágenes de la patente y del primer modelo de prueba, conocido come el “AM/PM” y que incorporaba la distintiva marca de “NOON” a las 12 h, para indicar el mediodía en la esfera de 24 horas. La versión de producción abandonó estas marcas e incluyó marcadores para todas las horas (no sólo las pares) y nuevas agujas. A partir de 1955, el Airman añadió un ingenioso sistema de parada del segundero, que también muestro en la galería.

El Airman obtuvo una gran popularidad entre los pilotos comerciales y militares, además de ser uno de los pocos relojes que han viajado al espacio. Muchas versiones e iteraciones después, sigue siendo un reloj absolutamente esencial para los coleccionistas de relojes de piloto o aviación, entre los que me incluyo.

El Cronómetro Automático

Al acabar la década de los 60, más o menos coincidiendo con el clímax de la carrera espacial y el primer aterrizaje en la luna, las empresas relojeras globales competían ferozmente por lanzar el primer calibre automático de cronógrafo. Fue una gran contienda entre el consorcio formado por Heuer-Leonidas, Breitling, Buren-Hamilton y Dubois Dépraz y dos lobos solitarios, Zenith y SEIKO. Es una batalla que describe en extenso detalle este estupendo artículo en Watchtime. Todavía se cuestiona quién ganó.

Zenith definitivamente presentó el primer prototipo, el afamado “El Primero”, a principios de 1969, pero el consorcio de competidores suizos presentó numerosos prototipos en el certamen de Basilea tres meses más tarde. Aun así, la marca que sacó el primer reloj de estas características al mercado fue SEIKO, desarrollándolo de un modo totalmente secreto y asombrando al mundo entero. Yo considero que el SEIKO 6139-6000 es, junto a los relojes de cuarzo que estaban a punto de asaltar el mercado en los años 70, la pieza del gigante nipón que mayor reconocimiento e impacto haya tenido jamás.

Con la llegada del cuarzo (el SEIKO Astron salió el 25 de diciembre de 1969) todo cambió en el mundo de los relojes. La batalla entre estos pioneros verdaderamente tiene lugar en el espacio, donde de nuevo ganó SEIKO. No se supo hasta mucho después, como explica esta entrada/guia en The Sping Bar para coleccionistas de los 6139-600X. Durante mucho tiempo se creyó que el primer cronógrafo automático en el espacio fue el Sinn 140 que portaba el astronauta germano Reinhard Furrer durante la misión Spacelab D1 de 1985. Sin embargo, en el 2007 se estableció que el coronel William R. Pogue llevó su 6139-6002 durante la misión Skylab 4 de la NASA de 1973, tras haber entrenado con él, además de su Omega Speedmaster Professional de dotación.

Por cierto, hablando de los 6139-600X, no os perdáis el relato de @spitfiremkii sobre su Pogue: El Polizón.

Fuente: https://thespringbar.com/blogs/guides/the-seiko-6139-600x-collectors-guide/

Es de destacar que a pesar de que los cronógrafos automáticos han sido tradicionalmente considerados demasiado delicados para las exigencias extremas de vuelo, los únicos cronógrafos que han recibido certificación de TESTAF o DIN 8330 como relojes de piloto son versiones automáticas.

El Cuarzo

En los años 70 y 80, la crisis del cuarzo hundió la industria relojera tradicional, aunque ha disfrutado de un gran renacer a partir de los años 90, incluido el segmento de los relojes de aviación y de piloto, tema que cubriré al final de este artículo.

Como ya cité en el primer artículo, creo que lo más frecuente entre los pilotos comerciales de hoy en día es que lleven un smartwatch, salvo aquellos que tengan algún aprecio especial por los relojes. Antaño, en algunas aerolíneas era de obligado cumplimiento que los pilotos llevasen un cronómetro certificado, pero de eso hace mucho tiempo ya. Entre los pilotos de las fuerzas aéreas, la estética militar o las muy duras condiciones en la cabina suelen ser las que marcan la elección del reloj. No es de extrañar pues que, según este otro artículo, los relojes más habituales entre los pilotos de cazas sean piezas de Garmin o de G-SHOCK.

El cuarzo, en general, aporta muchas cosas al mundo de la aviación y a los pilotos en concreto, que adoptaron este tipo de relojes como el resto del público. Su bajo coste, su mayor precisión, su limitado mantenimiento y el sinfín de funcionalidades que iban añadiendo estos relojes los hizo enormemente populares. Tal es el caso que se desarrollaron modelos específicos para pilotos, sobre todo con presentación digital o ani-digi.

Ejemplos claros de esto son ciertos modelos de Breitling, siempre pendiente de las tendencias en el campo de la aviación. En 1985, lanzó la primera referencia de su Aerospace, un reloj liviano con formato analógico-digital, que curiosamente llevaba estampado “Navitimer” en la esfera. Contaba con dos agujas para indicar la hora y los minutos y dos pantallas. La de arriba indicaba la función mostrada en la de abajo: horas, minutos y segundos, día (en cuatro idiomas), calendario perpetuo, contador de tiempo, segunda franja horaria, cronógrafo y alarma (horas y minutos). En 1995, la marca apostó todavía más fuerte, lanzando el Emergency, un reloj de gran envergadura que incorpora una baliza de emergencia. Estos relojes siguen figurando en la colección actual de Breitling, bajo la designación Professional.

Otro productor suizo que innovó mucho en este campo es Tissot, cuyo T-Touch, lanzado originalmente en 1999, presentó ciertos elementos revolucionarios por aquel entonces como una pantalla táctil. En un claro guiño a los pilotos, además de incorporar indicación de hora analógica, la pantalla mostraba las siguientes funciones: hora, fecha, cronómetro, alarma e incorporaba funciones de interés para los pilotos como altímetro, barómetro, termómetro y brújula. Aunque más tarde se añadió un módulo solar y su diseño ha cambiado, la funcionalidad sigue fiel a la inicial, salvo el reciente anuncio de que las nuevas versiones añadirán conexión con el móvil.

A menor nivel, también se ha visto una participación enorme de los grandes productores nipones en el segmento de la aviación. Ya revisamos la historia del Flightmaster de SEIKO en un artículo reciente. Su precursor, el Quartz 7T34 Sky Professional analógico, salió a mediados de los años 80. Citizen también ha ido ofreciendo numerosas variantes de su Nighthawk original, un reloj que también tiene muy buena aceptación entre los pilotos. Las versiones más recientes son radiocontroladas. Casio viene ofreciendo relojes de piloto desde hace años, tanto a través de su colección Edifice como la de G-SHOCK, que lanzó un producto dedicado a los pilotos en el 2015.

El último en llegar al segmento de los relojes de piloto es un gigante de los mapas digitales y la aviónica del panel de instrumentos: la americana Garmin. Es un nombre muy reconocido entre los pilotos y con un gran prestigio, motivos suficientes para que sus smartwatches sean tan populares entre ellos. En el 2013, Garmin presentó la versión original, el D2 Pilot Watch. Este reloj representaba un verdadero instrumento de apoyo al piloto. Además de presentar la hora, incorporaba un GPS de alta sensibilidad para permitir el seguimiento del vuelo e incluía altímetro con ajuste de barómetro y una brújula de tres ejes. Las versiones actualizadas, denominadas D2 Delta, incluyen mapas móviles con cartas de aeronavegación e incluso la recepción de meteorología de vuelo en vivo.

El Renacer Del Reloj Mecánico

En los años 90, resurge la relojería mecánica, posiblemente motivado por tres causas que hoy en día son muy fáciles de apreciar, pero que no fueron tan evidentes cuando tuvieron lugar. En primer lugar, hubo una consolidación masiva de la industria de los relojes de lujo, que se concentró primordialmente en tres manos: Swatch, Richemont y LVMH. Esto permitió acceder a recursos financieros para desarrollarla y competir en el mercado. En segundo lugar, al cuarzo le llegó su hora de ser redundante cuando aparecieron los teléfonos móviles, principalmente por la duplicidad de información. Todavía es común encontrarnos con mucha gente que no cree en la necesidad de llevar reloj, aunque los smartwatches están cambiando esta tendencia. Finalmente, los relojes mecánicos pasaron a ser considerados complementos de moda y/o lujo, en parte por los cambios en los gustos de una población global que cada vez disfrutaba de más recursos económicos y porque las marcas fomentaban este mismo fenómeno.

Durante este periodo de renacimiento, es indudable que los relojes de piloto o con temática de aviación han seguido teniendo un papel muy importante, como lo denota la aparición de nuevas marcas de gama medio-alta enfocadas en el segmento. Ejemplos de ello serían la aparición de Bell & Ross en 1992, o la de Bremont diez años más tarde. Exactamente lo mismo se podría decir del renacer de ciertas marcas muy tradicionales en el segmento, como Hanhart o Tutima, ambas desde Alemania.

Para acabar, las marcas más establecidas del sector siguen dándole un destacado papel a los relojes de piloto o los dedicados a la aviación, que todavía siguen protagonizando algunos de sus grandes lanzamientos. Por ejemplo, entre los productos estrella del Baselworld 2019 figuró la reedición del Breitling Navitimer 806 y en el certamen virtual de Watches & Wonders de este año uno de los lanzamientos más comentados fue la nueva colección del Cartier Santos.


Y hasta aquí llega el repaso de la historia de los relojes de piloto. El siguiente y último capítulo lo dedicaré a describir las facetas y complicaciones típicas que se encuentran en este tipo de relojes. Las características estrictas que definen un reloj de piloto ya las examiné en el primer artículo de la serie. Mi intención es ser bastante menos estricto y reflejar más bien lo que suele caracterizar los relojes de aviación, en su conjunto, por los varios motivos que ya cité en esa primera entrada.

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7 comentarios sobre «Relojes De Piloto: La Historia»

  1. Buenas tardes, Adam he disfrutado. Tu mejor artículo con mucha diferencia.
    Me ha gustado mucho. Muchísimas gracias.

  2. Gran artículo Adam. Muchas gracias por este ameno trabajo.

    1. Gracias Miquel, sobre todo por lo que tú sabes…

  3. Adam, aunque sea con retraso estupendo artículo. Veo que algo vas aprendiendo de relojes de piloto jajaja

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