A.P. Walsh Nº 1793

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En la última entrada dedicada a los relojes ferroviarios, pudimos observar un buen ejemplo de un reloj de alto grado europeo (suizo) destinado al mercado canadiense y norteamericano. Como recordaréis se trataba de un preciso y exacto Omega DDC. En esta entrada os propongo retroceder un poco en el tiempo (unos pocos años tras finalizar la Guerra de Secesión americana) para enseñaros otro reloj europeo (en este caso inglés) fabricado y exportado para venderse en el incipiente mercado de relojería de lujo en Norteamérica.

Como reza el título del hilo se trata de un A.P. Walsh. Quizás no os suene mucho este nombre del relojero británico que manufacturó el protagonista de hoy y que un día fue apodado como “el príncipe de los cronómetros”, pero intentaremos conocer un poco más de él.

Tras finalizar la Guerra de Secesión, los Estados Unidos de América se vieron en la ingente tarea de reconstruir y unir un país que estaba dividido en dos. Para ello se valieron de varias estrategias como la nueva reindustrialización de los estados del Noreste, la expansión humana hacía nuevos territorios del Oeste y la restauración del cultivo y la ganadería en el Sur. El impulso hacia la ganadería unido a la minería del oro y el crecimiento demográfico de las ciudades más industrializadas lograron que la nación se recompusiera de manera muy rápida de los efectos perniciosos de su nefasta guerra civil. Pero este frenético impulso no hubiese sido posible sin el desarrollo del ferrocarril. Este permitió el transporte rápido y seguro de materias primas y personas por todo el continente. Ciudades nacían y crecían alrededor de las vías férreas, propiciando el tráfico de mercancías y el establecimiento de todo tipo de negocios, haciendo extensible a su vez esa nueva prosperidad. Si lo deseáis podéis volver a leer este artículo, donde nos propusimos exponer un poco más detalladamente todo este proceso.

El ferrocarril así mismo, necesitó de una gran organización interna para que funcionase adecuadamente. El establecimiento de un tiempo estandarizado, zonas horarias, y un amplio control del mismo hizo que el reloj se convirtiese en algo fundamental para su control.

Si bien la industria relojera norteamericana también creció y se desarrolló de manera inaudita, en los primeros estadios del ferrocarril se utilizaron relojes ingleses para controlar el tiempo. Un ejemplo claro de ello es la compra de medio centenar de relojes de Barraud & Lund por parte del ferrocarril de Vermont. En la imagen inferior podemos ver uno de estos ejemplares importado por William Bond & Son, que se conserva en el Smithsonian.

Este tipo de relojes eran extremadamente caros (unos 150$ en 1850, con una caja de plata), pero también extremadamente precisos y exactos. Al finalizar la Guerra de Secesión, la industria relojera norteamericana despegó literalmente, creando relojes muy precisos, más modernos y debido a su nuevo tipo de fabricación en serie, esencialmente más económicos. Un buen ejemplo de ello, lo podemos ver en un ejemplar de mi colección particular del que ya hablamos en esta entrada.

fuente: https://www.safonagastrocrono.club/elgin-bw-raymond/

Pronto los relojes de fabricación americana desplazaron a los relojes ingleses del segmento del ferrocarril. ¿Pero, se dejaron de importar relojes ingleses? No. Muchos joyeros siguieron importando relojes ingleses y suizos, y muchos de ellos se especializaron en importar los mejores relojes de su época para ofrecerlos en el mercado de lujo doméstico. En este contexto entraría el protagonista de hoy.

Iremos ahora a lo que en la actualidad es el centro financiero del mundo, Wall Street.

A mediados del s.XIX, Wall Street ya era un importante centro de finanzas, comercios, bancos y especuladores. “El tiempo era dinero” y la casa de transacciones y cambios funcionaba con el mismo frenesí que lo hace hoy en día. El precio del oro fluctuaba en cuestión de minutos y era extremadamente importante tener un control preciso del tiempo. En la memoria de todos siempre quedara el suceso del “Black Friday” acaecido en 1869.

Es en este contexto que en Wall Street se establecieron joyeros y relojeros que ofrecían relojes de mucha calidad en cajas de oro para adinerados clientes. Uno de estos joyeros, quizás el más famoso de ellos, se encarna en la figura de Samuel Hammond al que se conoció con el sobrenombre del “relojero de Wall Street”.

Primero asociado con S.W. Benedict y después con su propio establecimiento y compañía, Samuel Hammond se dedicó durante décadas (estuvo activo desde 1836 hasta el mismo año de su fallecimiento en 1907) a la importación de relojes de alto nivel europeos, desde A.P. Walsh, Vacheron & Constantin, IWC y Lange, como indica este artículo del Horological Journal. Abajo podemos ver ejemplos de ello.

Sam Hammond, que al parecer era un hombre muy respetable y con muy buena reputación, nunca quiso expandirse abriendo más locales. Su fama en la ciudad y concretamente en Wall Street fue tan notable que se le apodó como el “relojero de Wall Street”, como hemos citado anteriormente. Quizás esta no sea la traducción más adecuada para este epíteto, pero quien quisiera ajustar su reloj a la hora exacta se iba directamente a su tienda y muchas de las transacciones y cambios se realizaron bajo su hora ya que se consideraba como “el tiempo oficial” o la “hora exacta” del concurrido barrio financiero. Buena fe de ello da el libro de memorias de A.W. Dimock “Wall street and the wilds” que le dedica una curiosa anécdota a Hammond.

Pero con quien trabajó más Samuel Hammond fue con el relojero Irlandés A.P. Walsh. Al parecer mantuvieron una estrecha relación de amistad (se le atribuyen al primero varios viajes de negocios o visitas al Reino Unido). No hay mucha información al respecto de la figura de Walsh, así que me voy a basar en el excelente trabajo realizado por el fallecido Gerrit Nijssen y Tom McIntyre (ambos miembros de la NAWCC) para conocer un poco más su figura.

Fuente: https://mcintyre.com/present/SamHammond.pdf

Arthur Paul Walsh nació en Irlanda en 1816. A la edad de 17 años se hizo aprendiz de relojero al cargo de T.F. Cooper en su taller de Londres. Al parecer, el joven Walsh recibió en 1838 un galardón por su trabajo sobre “remontoirs” por parte de la “Royal Society of Arts”. Walsh empezó a desarrollar sus propios relojes, pero se especializó en la fabricación y manufacturización propia de espirales y escapes para cronómetros marinos. Su gran habilidad le proporcionó trabajar montando sus propias espirales en cronómetros marinos fabricados por el gran Charles Frodman y sus descendientes. Sus propios relojes fueron exhibidos en la Exposición Internacional de Londres de 1862. Curiosamente, en el catálogo de la Exposición Internacional se cita a Charles Frodman como inventor de las espirales “Duo in Uno”, de las que hablaremos más adelante, pero fue Walsh quien desarrolló un proceso rápido y fiable de fabricación de las mismas.

Los cronómetros marinos tienen unas características constructivas muy específicas ya que estaban especialmente diseñados para mantener una gran precisión y exactitud. Walsh realizó sus relojes de bolsillo con las características intrínsecas que poseían los cronómetros marinos. Vamos a ver algunos ejemplos de ello.

En las imágenes superiores podemos apreciar el ejemplar Nº 311 y la espiral y el sistema de escape del Nº 281. Si nos fijamos con atención, lo primero que podemos apreciar es que el conjunto volante/espiral carece de regulador. Efectivamente, se trata del tipo “free sprung lever”. Este tipo de volantes se regulaban mediante el ajuste de los tornillos de compensación (los de terminal achatada) hasta conseguir un equilibrio perfecto del mismo. Este tipo de ajuste proporcionaba y aseguraba un isocronismo muy estable. La espiral era del tipo helicoidal o “Duo-in-Uno”, hecha ex-proceso para reducir errores de posicionamiento que pudiesen variar la exactitud y el isocronismo. Por último, podemos apreciar que el escape es del tipo retén o “Detent Escapement”. Este tipo de escape, que a priori no necesita lubricación, era mucho más preciso que cualquier tipo de escape de la época, otorgando una exactitud inaudita, parecida a la de los relojes de cuarzo. Estas soluciones técnicas aun se usan hoy en día, pero solo en los mecanismos del más alto nivel por su elevado coste de fabricación.

Mi unidad es del tipo “free sprung lever” con escape inglés, double roller y con espiral tipo Breguet. Tiene contabilizados 19 rubíes y un diamante en el eje del volante. Con las siguientes imágenes lo podemos apreciar mejor.

También vemos que es del tipo “fusee” o de “Caragol”. En este caso, la fuerza del muelle real se transmitía de manera más estable al volante, asegurando así el isocronismo buscado. Este tipo de resorte se fue abandonando con el tiempo ya que era más costoso de fabricar y más difícil de reparar. Abajo muestro unas imágenes del Nº 281 con el mismo sistema de carga donde se puede apreciar la calidad con la que Walsh fabricaba sus relojes.

Curiosamente, en el trabajo del Sr. McIntyre nos encontramos con el Nº 1792. Es reloj hermano de nuestro protagonista (Nº 1793) y en su estudio se afirma que un ejemplar igual pero firmado por Frodman ganó una mención de honor en un concurso de cronometría en 1876. Resulta muy ilustrativo que otro ejemplar de Walsh, también firmado por Frodman pero en este caso con la espiral del tipo “Duo-in-Uno” que tratamos más arriba, ganase el primer premio.

No en vano, a Walsh lo apodaron como “el príncipe de los cronómetros”. Sobre la datación del Nº 1793, me es muy difícil pronunciarme. McIntyre sitúa el Nº 1792 entre los años 1877/78 por los sellos de la caja. Pero el Sr Gerrit Nijssen nos ofrece un listado de datación que lo podría situar incluso antes de 1870.

Fuente: https://mcintyre.com/present/SamHammond.pdf

Como ya habréis observado, la caja de mi reloj no es la original ya que estas se realizaban en oro. Sam Hammond tenía muy presente que los relojes que vendía iban destinados a un público muy selecto y específico que querían o buscaban algo “que no estuviese fabricado en serie” como los relojes norteamericanos, pero que tuviesen máxima calidad. Esta idea también la apunta muy acertadamente por su parte Adrian van der Meijden en su artículo para el “Horological Journal”. En resumen, Arthur P. Walsh proporcionó a Hammond sus creaciones, que eran la materia prima para mantener esta peculiar idea de negocio. Su amistosa relación duró hasta el fallecimiento de Walsh en 1897.

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10 comentarios sobre «A.P. Walsh Nº 1793»

  1. Gracias Adam. La verdad es que es un reloj excelente.

  2. Enhorabuena Miquel, otro gran ejemplar. Es increíble el nivel de precisión que se alcanzó ya en aquella época.

  3. Enhorabuena Miquel, tanto por la nueva adquisición como por el artículo, que como siempre es fantástico.

  4. Muchas gracias amigos, la verdad es que me siento como un niño con zapatos nuevos 🙂

  5. Felicidades por la pieza primero y por el artículo después, jajajaja. El día que nos veamos me tienes que explicar cosas que al ser demasiado técnicas me pierdo un poco.
    También me gustaría hacer la siguiente reflexión que no sé si lo has tratado en otros artículos y no lo recuerdo. Cuando hablamos de relojería americana en estas fechas realmente eran colonos europeos que iban ya formados como relojeros desde Europa, no? Por tanto, ¿cuando podemos hablar realmente de relojería americana? ¿Desde las siguientes generaciones que nacieron ya allí y se formaron como relojeros en las fabricas americanas? o ¿Desde el momento que relojeros nacidos y formados en Europa cambian la mentalidad de la producción relojera que se tiene en sus países de origen, como producciones en serie, estandarizaciones, etc.?

  6. Buena pregunta Javier, se merecería un artículo por si sola. En la época en la que se puede hablar de relojería estadounidense y que establece su propio método de producción (a mediados del s.XIX) la gente ya se siente identificada plenamente con su nacionalidad. Ya han pasado varias generaciones de colonos.

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