01/04/2020

Hamilton Grade 920

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Hola, amigos de los relojes ferroviarios.

Hoy, a diferencia de las últimas entradas, vamos a ver un reloj que no perteneció al ámbito ferroviario, sino a un novedoso segmento de la industria norteamericana que se denominó línea de “dress watch”, lo que venimos a conocer como relojes de vestir, pero en este caso de bolsillo.

Se trata como indica el título de la entrada de un Hamilton, su Grade 920.

Durante la 1ª Guerra Mundial la economía estadounidense había crecido notablemente. Europa estaba sufriendo los estragos de la guerra y productos de todo tipo eran exportados desde EE.UU. hacia el viejo continente. Al finalizar la guerra, era tan grande la demanda que las fábricas norteamericanas adoptaron nuevos métodos de fabricación en serie y la gran mayoría apostó por la electrificación como nueva manera de impulso energético, frente al vapor. La industria relojera ya se había avanzado a este proceso de desarrollo, como vimos aquí.

El grueso de la población se instaló a vivir en las grandes ciudades y sus aledaños. Las oportunidades laborales eran inmensas y las posibilidades de tener éxito elevadas. Era la época de la construcción de los grandes rascacielos, financiados por las grandes corporaciones, que se convirtieron en símbolos del poder y del éxito económico.

La sociedad norteamericana, fuertemente dividida en clases, se convirtió en la principal impulsora de una economía basada en los bienes de consumo. Estos bienes de consumo abarcaban todo el espectro de necesidades de cualquier persona que vivía en esa sociedad. Desde alimentos, hasta automóviles, electrodomésticos, ropa y, por supuesto, relojes. Este creciente mercado interno se impulsó por la publicidad, los pagos a plazos y los créditos personales.

Consumir se convirtió en la bandera del éxito y/o el pertenecer a cierta clase social. Hay que puntualizar que el fracaso individual económico, se veía como una incompetencia de tus habilidades para el triunfo. Un fracasado se convertía en un paria.

Las fábricas de relojes crearon productos para todo tipo de consumidor, desde el pudiente hasta la clase baja, como ya vimos con el ejemplo del “Dollar Watch”.

“I like large parties. They’re so intimate. At small parties there isn’t any privacy.” — Great Gatsby

La clase media y alta, creó una nueva cultura del ocio. Se revitalizó la libertad sexual, los deportes al aire libre, la competitividad… Una nueva cultura de masas invadió la escena con el Jazz, el cine, Broadway… Se crearon nuevos cánones en la moda como reflejan las denominadas “Flappers”. Las fiestas, los excesos, el vivir al máximo se convirtieron en el estandarte de los jóvenes del momento. ¿Quién no ha leído al que podríamos llamar el cronista oficial de la época, mi admirado Scott Fitzgerald?

Los relojes, como vimos anteriormente, se convirtieron en objetos de consumo, y si bien por norma general siempre se veían asociados como una herramienta de trabajo, durante esta época se relacionaron como un complemento de vestir y de distinción de lujo. Los relojes de importación europeos de grandes marcas como Vacheron, Longines, Patek, empezaron a tener aceptación entre el consumidor norteamericano de clase media-alta, ya que estos eran de menor tamaño y más cómodos de llevar que no los relojes ferroviarios. Hamilton, sabiendo que su público confiaba ciegamente en la industria norteamericana relojera frente a la europea, se adelantó a explotar este gran nicho de mercado, creando relojes de tamaño más contenido y en muchos casos de superior calidad frente a sus competidores europeos. Así fue como lanzó al mercado una línea de “dress watch”, a la que pertenece nuestro protagonista.

Efectivamente, nuestro protagonista, se trata de un producto de lujo con precios bastante elevados para la época y con uno de los mejores calibres que nunca hiciese Hamilton. Si os fijáis en las características del catálogo, creo que van a sobrar mis palabras. Huelga decir que algunos ejemplares se vendieron en cajas de platino por un precio de 685 dólares de la época, una pequeña fortuna que equivaldrían a unos 10.000 dólares de hoy en día.

El calibre 920 estuvo en producción durante 1911 y 1924, y fue junto con el calibre 900, la primera línea de relojes que desarrolló Hamilton, destinados al mercado masculino para vestir, es decir, como un complemento de moda. Abajo podemos ver una imagen del calibre de mi reloj, que está configurado con puentes.

Como podemos apreciar, Hamilton cuidó los detalles al máximo para crear este magnífico calibre. Incorporando dos diamantes tallados (en el eje del volante y en la rueda de escape), un barril de carga patentado y enjoyado, todo el tren de rodaje hecho de oro y puentes bañados en oro blanco. Quien desee consultar sus características técnicas en más detalle puede hacerlo vía este enlace.

Con esta línea de relojes, Hamilton igualaría en calidad y estética a las marcas europeas de alto nivel que tenían aceptación entre la clase pudiente norteamericana. Según las bases de datos existentes se fabricarían unas 14.000 unidades de mi reloj.

El éxito comercial para Hamilton fue muy importante, convirtiéndose en una de las empresas relojeras que pudieron capear la gran crisis bursátil de 1929, absorbiendo otras. Muchas otras empresas desaparecieron en el olvido. Me atrevería a decir que Hamilton actualmente es una sombra de lo que fue, sin embargo, este reloj quedara como símbolo de aquellos felices y locos años 20.

4 comentario en “Hamilton Grade 920

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