Relojes De Mi Padre (II): Omega Seamaster Omegamatic

@peteflay

En esta segunda entrada sobre los relojes de mi padre, quiero presentar uno muy especial, tanto por su estética como por la singularidad de su movimiento. Se trata del Omega Seamaster Omegamatic (ref. 2514.50.00), un reloj que sólo estuvo en producción entre 1997 y el 2000.

Este reloj es el que estuvo en la muñeca de mi padre desde 1998, fecha en la que lo adquirió, hasta el año 2013, cuando desafortunadamente nos dejó.

Al igual que el SEIKO Sports 100 H357-5150 que presenté en la anterior entrada, este Omega fue su único reloj durante todos esos años, usándolo a diario y para cualquier situación. A pesar de ello, el reloj está muy bien conservado, aunque obviamente tiene sus marcas de uso, pero nada demasiado grave. Algo que me sorprendió cuando lo heredé fue que el cristal (de zafiro) está sin ningún arañazo y ello teniendo en cuenta que mi padre tampoco era muy escrupuloso con el reloj y el uso que le daba, lo cual demuestra la alta calidad que tiene y lo bien hecho que está. También demuestra que hizo lo que tenía que hacer con un reloj: usarlo y disfrutarlo sin ningún problema.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Aunque no era coleccionista, mi padre también conservó la caja y la documentación de este reloj e incluso encontré una factura de una revisión que le hizo en el año 2006 (creo recordar que porque le funcionaba mal el acumulador) que ya le costó la friolera de más de €400.

La caja es la típica “bombonera roja” de muchos modelos de Omega de la época y adolece del clásico fallo de estas. Es decir, con el tiempo la caja se va degradando y deteriorando por sí misma, aunque esté bien resguardada. Es un tema muy discutido en los foros de relojes, por ejemplo aquí. Es tan frecuente el deterioro de este tipo de caja que se considera, en tono jocoso, como una “prueba de autenticidad”.

Fuente: https://www.watchuseek.com/threads/is-this-normal-for-an-omega-watch-box.964969/

Desconozco el material con el que se fabricaron estas cajas pero al tacto parece algún tipo de piel sintética y no me extrañaría que así fuese ya que solo he visto este tipo de deterioro en artículos fabricados con piel sintética de mala calidad. Afortunadamente, Omega en algún momento corrigió este defecto y las nuevas “bomboneras” están realizadas en otro material, más similar a la loneta y más resistentes a la degradación (como la de mi Seamaster, del que hablé en este artículo). Incluso en muchos modelos ya no se suministra esa caja, sino una de madera mucho más elegante y acorde con el precio de los relojes.

En cuanto al reloj en sí, la caja tiene un diámetro de 34,8 mm según la marca, pero aproximadamente 36 mm en el bisel. Su longitud (“lug-to-lug”) es de 42 mm y su grosor unos escasos 7 mm entre trasera y cristal, pero 10 mm midiendo desde la base de las asas. La anchura entre asas es de 18 mm.

Como vemos, sus dimensiones están muy alejadas de los estándares actuales en los que se tiende a relojes de 40 mm o más (aunque últimamente la tendencia de la industria es volver de nuevo a tamaños más contenidos). Sus dimensiones hacen del Omega Seamaster Omegamatic un reloj muy cómodo de llevar y muy discreto en la muñeca, apto tanto para el día a día como para cualquier otra ocasión.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

La caja es muy fina y está muy bien acabada, alternando superficies pulidas y cepilladas. Incorpora dos pequeños guarda coronas que protegen la corona de manipulaciones indeseadas. La corona estriada tiene una terminación de forma cónica firmada con el logo de Omega en su parte externa. El accionamiento de la misma es muy suave.

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El fondo es ciego y decorado con el clásico grabado del hipocampo y las olas (característico de los Seamaster durante tantos años) que la marca abandonó en los nuevos Seamaster Diver 300 a favor de un fondo visto de cristal de zafiro que permite apreciar el movimiento. En mi opinión personal, creo que ese grabado de los anteriores modelos contribuía a dar una personalidad única al reloj y era una característica identificativa de los modelos de la familia Seamaster.

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El bisel monobloque (sin inserto) es unidireccional y sin “clics”, fabricado en acero y muy al estilo de los años 90. Le da al reloj un aspecto muy característico. Tiene una escala que va de cinco en cinco minutos que es la habitual para calcular los tiempos de descompresión en las inmersiones submarinas y originalmente llevaba el triángulo de las 12. El color ya se ha perdido en este caso. Dicho esto, las hendiduras y el enmarcado del triángulo sugieren que era negro, coincidiendo con las características de la referencia 2514.50.00. Hubo una versión con esfera negra pero con este triángulo pintado en rojo (la ref. 2516.50.00) y una tercera con la esfera plateada (la ref. 2154.30.00).

La esfera es muy bonita y un tanto alejada de los clásicos Seamaster Diver 300, aunque conserva al ADN de la familia.

Está dividida en tres secciones o anillos concéntricos. En la exterior está la escala de minutos, con divisiones en rojo y lumen cada quince minutos. En la segunda sección encontramos los índices que son rectangulares, aplicados y recubiertos de lumen, salvo los de las 12, 9 y 6 h que son de numeración arábiga, totalmente metálicos y sin ningún tipo de lumen. Finalmente, la tercera sección es un círculo central donde se encuentra el nombre y logo de la marca junto las indicaciones referentes al movimiento del reloj (“Omegamatic”), la colección (“Seamaster”) y la hermeticidad del mismo (“200m/660ft”). En esa tercera sección también podemos apreciar las clásicas “olitas” grabadas tan características de los Seamaster Diver y que le dan esa estética tan propia.

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Las agujas son las clásicas de la familia Seamaster. La horaria y la minutera son esqueletizadas con puntas rellenas de Super-LumiNova, mientras que la segundera es fina con el extremo de color rojo y un pequeño círculo relleno también de material luminiscente.

El brazalete es el clásico de los Seamaster Diver, denominado “Bond” en alusión al Seamaster que llevó Pierce Brosnan en el papel de James Bond. La excepción es el cierre, que es del tipo mariposa, sin pestaña de seguridad ni micro ajustes y con una placa dorada con el logo de Omega grabado (desconozco si esa plaquita es de oro o si solo tiene un baño de oro).

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Por lo demás, el brazalete sigue siendo el clásico “Bond”, tal como he comentado, con una estructura similar a los brazaletes llamados de “granos de arroz”. Es una estética que tiene el mismo número de admiradores como de detractores. En mi caso he de confesar que me encuentro entre los admiradores, ya que pienso que este brazalete es muy original y contribuye a darle una personalidad única al reloj. También es cierto que este reloj es realmente versátil y funciona muy bien tanto con correas de piel como con correas de caucho o NATOs.

El movimiento que impulsa este reloj fue denominado comercialmente como “Omegamatic”, aunque en realidad se trata del calibre Omega 1400, que a su vez es la nomenclatura que le dio la marca al ETA 205.111. Entiendo que la diferencia radicaba en el recubrimiento de rodio que empleaba la versión de Omega.

ETA lanzó este calibre en 1996. Contaba con 17 rubíes y ofrecía una reserva de marcha de 144 horas según la marca (aunque las versiones posteriores alcanzaban los 90-100 días). Forma parte de los denominados calibres “autoquartz”, desarrollados por ETA a mediados de los años 90 para competir con los calibres “kinetic” de SEIKO. A continuación, podéis ver una estampa de la versión de ETA.

Fuente:
https://www.beco-technic.com/armbanduhrwerke-originalwerketeile/eta/eta-quarz/205-111.html

Si es de vuestro interés, el manual del calibre, incluido su despiece, lo podéis leer en este enlace.

Una particularidad a destacar del movimiento Omegamatic es la posibilidad de suministrarle carga al acumulador a través de la corona, girándola como si fuese un movimiento mecánico, cosa que se agradece cuando el reloj tiene poca carga. En este sentido y en mi opinión personal, creo que hoy en día son más “cómodos” los relojes de carga solar que los “autoquartz”, ya que los solares no necesitan de ningún tipo de intervención por parte del usuario para cargarse, basta con exponerlos a la luz y se van cargando, ya sea en la muñeca o en cualquier superficie.

También es destacable que el calibre daba aviso cuando el acumulador estaba bajo de carga, anticipándose a lo que hacen los calibres solares hoy en día. En estas circunstancias, el reloj avisa avanzando el segundero cuatro pasos seguidos, cada cuatro segundos.

Por último, el cambio de fecha es lento, llevando aproximadamente hora y media completar el cambio de día.

Más tarde, este calibre fue reemplazado por el ETA 205.911, que sustituía el acumulador del 205.111 por una batería recargable.

A grandes rasgos y sin entrar en explicaciones más técnicas, este movimiento a caballo entre un cuarzo y un automático funciona mediante un rotor que cuando gira genera energía. Esta es transmitida a un generador que la transforma en electricidad y se almacena en un acumulador. Posteriormente esa electricidad se transmite a los engranajes que accionan el mecanismo del reloj a través de un circuito integrado regulado por cuarzo. Este tipo de movimientos supusieron una pequeña revolución dentro del mundo de la relojería, si bien no es un concepto nuevo, ya que los relojes “electromecánicos” regulados por cuarzo existían hacía décadas.

Fuente: http://pesonajam.blogspot.com/2015/04/authentic-omega-seamaster-200-omegamatic.html

Lo novedoso fue la intención de dar fiabilidad a estos movimientos y hacerlos verdaderamente comerciales. Se quiso aunar la tecnología y precisión de los relojes de cuarzo más modernos con la tradición de los relojes automáticos para un público que quisiera un reloj tan preciso como un cuarzo sin renunciar al placer de un reloj automático. La realidad, sin embargo, resultó ser distinta. Los movimientos “autoquartz” de ETA dieron muchos problemas de fiabilidad y al cabo de unos años la empresa dejó de fabricarlos.

Mejor suerte han corrido los “kinetic” de SEIKO, mucho mejores tecnológicamente y bien asentados en el catálogo de la marca, aunque sin llegar a despegar comercialmente y ensombrecidos por la tecnología Spring Drive desarrollada por la propia marca, mucho más cercana a lo que sería un movimiento híbrido cuarzo-automático y sin duda con una exclusividad mayor.

Fuente:
https://www.watchuseek.com/threads/seamaster-pro-200-omegamatic-going-for-service.4523933/

Por lo general, este tipo de movimientos no han tenido demasiado éxito a nivel comercial, sobre todo entre los aficionados a la relojería (en mi caso he tenido dos ejemplares “kinetic” de SEIKO y el Omegamatic de mi padre que poseo actualmente). La razón es simple, creo. Son relojes “difíciles” de rotar en una colección de dos o más relojes, ya que para cargar a tope el acumulador y por ende la reserva de marcha hay que llevarlos a diario durante un tiempo prolongado (varias semanas o incluso meses los que tienen una reserva de marcha mayor) y eso para un aficionado típico que le gusta cambiar de reloj cada ciertos días es algo inasumible.

Además, una vez cargado (cuando se consigue cargar al máximo), si se pretende rotarlo con otros hay que ir vigilando la reserva de marcha y volver a darle otra temporada de carga en la muñeca si no queremos que se nos pare. Aunque rearrancar el reloj sin carga es sólo cuestión de darle cuerda, el acumulador electrónico tiene un número limitado de ciclos de carga/descarga y con cada uno de ellos la batería o acumulador va perdiendo un porcentaje de su eficiencia y la duración de su carga. Por ello, es importante que no se paren y mantenerlos siempre con carga suficiente para funcionar, al menos si no queremos que el acumulador pierda eficiencia.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

En cuanto al precio del reloj, me ha sido imposible encontrar su coste original ya que no conservo la factura de compra. Aunque realizando una búsqueda por varias plataformas de compra/venta he podido comprobar que de segunda mano se ofrecen en un rango de €1.500-€3.000, así que puedo suponer que originalmente rondaba o superaba esos €3.000, lo cual ya era una cantidad considerable para un reloj en 1998.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Pero dejando a un lado las cuestiones tecnológicas y económicas, este reloj me es muy querido ya que, al igual que el SEIKO Sports 100 H357-5150, evoca recuerdos muy especiales.

Si el SEIKO fue el reloj de mi padre durante mi infancia y los recuerdos que me produce me trasladan a esa época, este “Seamaster Omegamatic” coincidió con mi adolescencia y mi entrada en el denominado “mundo adulto”, lo cual me evoca otro tipo de recuerdos igualmente especiales y bonitos, pero diferentes.

Os puedo asegurar que las historias y anécdotas relacionadas con ellos darían para varios artículos más. Eso es lo que me gusta de estos relojes, que cada uno pertenece a una época distinta y representa algo diferente para mí, pero siempre con la imagen de mi padre y su reloj en la muñeca.

3 comentarios en «Relojes De Mi Padre (II): Omega Seamaster Omegamatic»

    1. Gracias a vosotros por el trabajo de edición. La verdad es que sí que es un reloj curioso en general, pero sobre todo dentro del catálogo de Omega. Además, se enmarca dentro del período de transición de Omega hacia la marca de lujo que conocemos hoy en día. ya que en los años ’80 era una marca sin un rumbo fijo, de un segmento más bajo y con unos controles de calidad muy justitos.

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