A Cylinder Pocket Watch by Abraham Bernard Of Bristol

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Esta entrada va dedicada a todas aquellas personas que en algún momento de sus vidas sufrieron o siguen sufriendo por causa de la persecución religiosa.

A veces, puede ocurrir que un objeto nos hable; puede ocurrir, que nos cuente sus historias desde la atemporalidad donde una vez se instaló; que nos de pistas de cómo es nuestro presente y quizás y sólo quizás, puede ocurrir que también revele algo de nuestro futuro. Pero tal como ocurre en la totalidad de la naturaleza, cualquier objeto necesita de un sujeto. Sin este último, el objeto permanecerá mudo sin nada que decir. Todos los objetos son válidos para establecer un diálogo, pero no todos los sujetos tienen la misma capacidad para acceder a ese mismo diálogo. Las posibilidades de que se establezca una relación objeto-sujeto son infinitas y sin embargo y de forma paradójica, rara vez se establecen. Estrenando una edad en la que puedo afirmar que ya no soy joven, un objeto me eligió a mi…

Retrato de un relojero. Atribuido a Pier Leone Ghezzi (1674-1755).
Fuente: https://www.nationalmuseum.se/

El objeto en cuestión corresponde a un reloj inglés fabricado en el s. XVIII. De elegante manufactura y que por sus características técnicas me atrevería a afirmar que en su momento dio las horas a un acaudalado comerciante o digno señor. Veámoslo…

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

En este periodo, tal como hemos ido viendo en algunas de nuestras anteriores entradas, el arte de la horología en Inglaterra se encontraba en su punto álgido. Grandes maestros relojeros como Thomas Tompion, George Graham o Thomas Mudge (por citar algunos) realizaban sus trabajos experimentando con nuevos tipos de escapes y nuevos materiales en el afán de conseguir sus máximos logros en la cronometría.

“Gold paired-case cylinder watch with perpetual calendar” de 1764 de Thomas Mudge.
Fuente: https://www.britishmuseum.org/collection/object/H_1977-0702-1

Estos logros mecánicos y de precisión no sólo servían a la Marina real para extender y afianzar sus dominios, sino que muy pronto estos maestros relojeros los adaptaron a los relojes “comunes”, dotando así a la ciudadanía (si uno se lo podía permitir) de relojes más fiables y precisos. Ya pudimos ver un buen ejemplo de ello cuando presentamos un reloj equipado con escape de cilindro realizado por Christopher Fennymore, del que hablamos en profundidad en esta entrada.

Fuente:
https://www.safonagastrocrono.club/a-cylinder-pocket-watch-by-christopher-fennymore-circa-1760/

Nuestro protagonista de hoy también está equipado con un escape de cilindro, hecho que lo convertía en un objeto más deseado y caro de lo habitual. Se sabe que uno de los más eminentes relojeros de Inglaterra, el ya citado Thomas Tompion, junto a Edward Barlow y William Houghton, patentó en 1695 el escape de cilindro. Este nuevo tipo de escape horizontal (en contraposición al denominado “Verge” que ya vimos en otra entrada anterior) dotaba de una mayor precisión a los relojes de bolsillo y permitía una perfecta miniaturización de los mismos, pudiéndose así desarrollar relojes con una fisionomía más delgada y ergonómica. Su uso en relojes de bolsillo se hizo muy popular durante la segunda mitad del s. XVIII.

En la siguiente imagen podemos apreciar su mecanismo, bellamente adornado con motivos florales y coronado con un diamante de grandes dimensiones. Me sorprendió lo mucho que se había cuidado el detalle en la manufacturación de este reloj.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Ya hemos dicho que una de las ventajas de este tipo de escape era la posibilidad que tenía (al ser horizontal) de equiparse en relojes más compactos, además de ser más precisos. Sin embargo, en sus orígenes eran más delicados y necesitaban de mayor limpieza y lubricación. Efectivamente, al tratarse de un escape de fricción el contacto entre las piezas era permanente, lo que provocaba un mayor desgaste de las mismas. En nuestro protagonista de hoy encontramos un cilindro de primera generación, es decir: con una rueda de escape de latón arenado de 13 dientes y un cilindro situado en el mismo eje del volante realizado en acero.

Fuente:
https://www.safonagastrocrono.club/a-cylinder-pocket-watch-by-christopher-fennymore-circa-1760/

Afortunadamente, el reloj cuenta con su esfera y agujas (beetle) originales. La primera presenta ciertos surcos debido a su edad, pero mantiene muy bien el brillo y la definición de sus numerales. Su estilo es el típico de su época, con tres círculos concéntricos que la dividen: números romanos para las horas, una pista de minutos recta y la escala de minutos en números arábigos. Las agujas han sufrido bastante la acción de la corrosión a lo largo del tiempo y han perdido el color azulado que deberían tener. La minutera ha perdido parte de su punta, ya que por norma general debería alcanzar el tren de minutos.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Curiosamente, cuando decidí aplicarle una limpieza superficial con un bastoncillo de algodón húmedo, descubrí una diminuta tela de araña en las agujas, tal como se puede observar en la parte inferior del dial a la derecha en la siguiente estampa. A pesar de los efectos de la corrosión y las vicisitudes vividas en el tiempo, me sorprende que se mantengan intactas.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

La caja es del denominado estilo “Tortoise”. Este tipo de caja se puso de moda en Inglaterra a mediados del s. XVIII (quizás por influencia continental). Solían llevar un revestimiento de piel o de cuerno de animal y oro u joyas en los modelos destinados para la aristocracia. En la siguiente imagen podemos ver un ejemplo de caja “Tortoise” decorada.

Fuente: https://www.cogsandpieces.com/pocket-watch-p037/

En nuestro caso creo que a la caja le falta este revestimiento debido al ennegrecimiento extensivo de la plata, aunque no lo podría asegurar. Tanto en la caja interior, como en la exterior (ambas de plata muy pesada) encontramos las mismas marcas de Londres. Este hecho no es inusual, pero sí curioso ya que es más común encontrar marcas diferentes y esto es debido a que la caja exterior o “chichonera” era sustituida por el propietario cuando ya tenía signos muy visibles de desgaste o golpes muy evidentes. Los sellos sitúan al reloj en el año 1776 y entre ellos, encontramos bien visibles las iniciales “TC” que corresponden al sello del fabricante Thomas Carpenter.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

En esta otra imagen se observan parte del cilindro de acero pulido y una novedad estética: los pilares redondeados o en forma de columna que se empezaron a utilizar circa 1770. También podemos ver el vástago para dar cuerda (a la izquierda del diamante) que tiene un excesivo desgaste debido a un uso muy continuado y que supuso un quebradero de cabeza para poder ponerlo en marcha, ya que le tuve que “adaptar” una llave para que se pudiese acoplar correctamente al mismo. Muy curioso es también el trozo de tela recortada que estaba en el interior de la caja y que con el tiempo se había ennegrecido totalmente ¿Un recuerdo familiar, quizás? Solucionado este problema, os aseguro que escuchar el “tic tac” del reloj (con 245 años de vida) fue como una experiencia mística para mí.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Pero una de las cosas que más me llamó la atención de este reloj y que hizo que quisiera entablar inmediatamente un diálogo con él, fue la firma del relojero o joyero que lo finalizó: Abraham Bernard de Bristol. Efectivamente, no es muy frecuente encontrar relojes de aquella época (1776) que vengan firmados por un nombre judío y de una ciudad como Bristol.

¿Pero quién era este Abraham Bernard?

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Supuestamente (no me atrevo a afirmar nada, fuera de lo que esté documentado), Abraham Bernard (1730-1795) era un judío francés que emigró a Bristol a mediados del s. XVIII, motivado quizás porque en Bristol estaba establecida una de las comunidades judías más antiguas e importantes de Reino Unido, o imitando a los Hugonotes que protagonizaron una segunda ola migratoria a países protestantes, forzados por la revocación del Edicto de Nantes (por Luis XIV en 1685), eliminando con ello la libertad de conciencia y culto y declarando el catolicismo como única religión “legal” en todos los territorios de Francia y sus colonias.

“Bet Tohorah” de Jacob’s Well, Bristol.
Fuente: https://historicengland.org.uk/listing/the-list/list-entry/1020792

Si bien el anti-semitismo en Francia era imperante, al igual que en España, en Inglaterra a partir de la denominada “Naturalización de los Judíos” de 1753 (aunque fue anulada a los pocos meses de su aparición) era más bien “latente”. Es posible que este hecho llevase a Abraham Bernard a “convertirse” a la religión anglicana y recibiese su bautismo en 1758 a la edad de 28 años:

“Abraham Barnard, born a Jew, baptised 3 Feb 1758 at St Nicholas, aged 28. (PR) Last Sunday, a Jew, born in France embraced the principles of the Christian religion and was baptised at St Nicholas’s church in this City.” (FFBJ, 18.2.1758).”

Curioso hecho que entronca con toda mi familia de parte materna, siendo como somos descendentes directos de judíos obligados a convertirse, denominados despectivamente como “xuetes“, que sufrieron en mi ciudad natal (Palma de Mallorca) persecución pública y múltiples ofensas (reconciliados) o en el peor de los casos tortura y muerte (relaxados) en la hoguera en1691, a los que no abrazaron la fe católica. Los sambenitos, que eran como yo los denomino “listas de la ignominia católica”, se exhibían en iglesias o plazas públicas de mi ciudad en la fecha en la que nuestro protagonista se convirtió en Bristol, con el único objetivo de fomentar el odio contra todo aquel que llevase en su linaje uno de los apellidos “señalados”.

Fuente: Fuente: https://books.google.es/books?id=PwtInCgSa6YC&printsec=frontcover&hl=ca&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

El acto de la conversión le debió servir a Abraham Bernard para escalar ciertas posiciones sociales o simplemente vivir un poco más tranquilo, aunque eso no le evitó el seguir sufriendo ciertos desaires y escarnios por su antigua condición, como aparecer en un listado de oficios como “JEWeler”; desaires que también sufrió mi familia mucho tiempo después y no tan lejano como para olvidarlo.

Hay un documento de un encargo realizado por la iglesia de St. Mary’s Berkeley a Bernard que certifica ese cierto estamento social y la relativa tranquilidad que le debió reportar su condición de converso.

“The expense did not stop there as the new communion plate bought from Mr. Abraham Bernard of Bristol cost £36 17s 4½d. A couple of years later Mrs. Marklove, who seems to have been a trader in Berkeley, was paid £5 10s. 9d. ‘for a new surplice and making the same’ .”

Aunque también encontramos otros ejemplos de peor índole, como este caso donde se advierte por “muy sustanciales razones” de no adquirir relojes a comerciantes judíos, pues no los iban a reparar.

“There is also some evidence that in Cornwall by the 1780’s, sales of watches and clocks by Jews had made serious inroads into sales by their Gentile competitors. This is the inference to be drawn from an advertisement by the watchmakers and goldsmiths of Cornwall in 1783 that ‘for very substantial reasons’ they had resolved not to repair watches bought of Jews. [Sherborne Mercury and Western Flying Post, 31 March 1783.]”

Fuente:
https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/aquellos-polbos/a6a5d912-f4be-4c67-bd13-8c71c4fa235c?searchid=3d2576a7-0d46-09a2-e8b4-785f075f8964

¿Fue Abraham Bernard un joyero con cierta reputación o conocía también el oficio de relojero?

Esta cuestión es prácticamente imposible de responder. Como ya vimos en esta entrada, un “relojero” (de manera generalizada) era aquel minorista que vendía el reloj. En el mejor de los casos, el relojero o minorista terminaba de ensamblar, ajustar, decorar o añadir alguna invención suya realizada por encargo al producto final que después vendía en su tienda-taller. Por norma general, el relojero compraba movimientos “básicos” realizados en Lancashire, Coventry o Prescot; en su taller, estos movimientos se enjoyaban, se decoraban, se ajustaban y se ponían a disposición del cliente. Los grandes centros de acabado se encontraban situados en las grandes ciudades, como Londres, Liverpool o Birmingham.

La cosa se complica si además tratamos con un relojero judío o descendiente directo de esta comunidad. Fueron muchos los maestros relojeros que no inscribieron en ningún registro a sus aprendices de origen judío y menos todavía a los que dejaron inscribirse en los registros, aunque ya tuviesen el oficio. Es posible que esta sea una de las razones por la que no es común ver muchos relojes firmados por relojeros judíos. No he podido encontrar en ningún archivo o listado conocido de la época el nombre de Abraham Bernard como “watchmaker” aunque en el libro Watchmakers and Clockmakers of the World de G. H. Baillie hay una entrada de Bernard en Bristol.

Fuente: Watchmakers and Clockmakers of the World de G. H. Baillie.

Otro factor importante para seguir adelante con la investigación es la de observar alguno de sus trabajos que han perdurado en el tiempo, siendo estos verdaderamente escasos, pero de muy buena manufactura tal como podremos apreciar a continuación. En mi búsqueda sólo he encontrado tres ejemplos, al que se une un cuarto (que es el objeto de esta entrada).

Entre estos ejemplares. se incluye un denominado “Doctor’s Watch” con función de parada de segundero que se utilizaba en su caso para medir las pulsaciones de sus pacientes, aunque es estos tempranos estadios de los “cronógrafos“, al accionar la parada se detenía completamente el reloj teniendo que ajustar de nuevo la hora al terminar la medición horaria.

También destaca un “Tavern Clock” ricamente decorado con motivos japoneses. Básicamente, era un reloj de pared que se puso especialmente en boga cuando el primer ministro William Pitt apodado “El Joven” gravó con un altísimo impuesto la compra de relojes de bolsillo en 1797. la consecuente bajada en las ventas de relojes de bolsillo por parte de la población propició que los taberneros se equiparan de este tipo de relojes de pared, para satisfacer la necesidad de saber la hora de sus clientes, ganándose así numeroso público en sus negocios, que iban para conocer la hora y de paso consumir algo.

Fuente: https://www.skinnerinc.com/auctions/2623M/lots/426

Por último, podemos ver un “long case clock” obra de Bernard, con un autómata y calendario.

Fuente:
https://www.the-saleroom.com/en-gb/auction-catalogues/charterhouse-auctions/catalogue-id-cav10093/lot-387416ff-2b7f-403f-a494-a50f0162432c#lotDetails

¿Conocía el oficio de “joyero-relojero” nuestro protagonista antes de desembarcar en Bristol?

Las fuentes más cercanas que he encontrado se refieren a Suzanne Bernard, esposa de Issac Rosseau y madre del filósofo Jean-Jacques Rousseau (del que recomiendo vivamente a todos los amantes de los relojes y la filosofía leer sus “Confesiones“), pero ninguna de ellas me ha permitido establecer una conexión clara entre nuestro hombre y una vieja familia de relojeros de donde aprendiese el oficio, aunque lo más probable es que fuese así.

Para finalizar con la historia de Abraham Bernard, me gustaría citar su última voluntad o testamento del que tengo copia en la que se define claramente como Goldsmith (orfebre). En él, deja todo su legado a su única hija Amelia Bernard. El testamento precisa el papel de los fideicomisarios en la gestión del patrimonio. La beneficiaria exclusiva es Amelia Bernard, o sus hijas en caso de su muerte prematura. Estas “estructuras” eran necesarias en el s. XVIII para evitar que los activos familiares pasasen a manos de los maridos en caso de que las descendientes femeninas contrajesen matrimonio. Desgraciadamente, la última voluntad no precisa el monto del “estate” o legado íntegro, pero por el tipo de bienes que cita, y las rentas que derivan de los mismos, es de suponer que representaba una cantidad considerable.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Es posible que este no sea el lugar adecuado para describir el “calmado diálogo” que he establecido con este reloj, aunque algunos de sus “sustantivos” como el olvido, la vergüenza o la identidad, sí que se encuentran reflejados en esta entrada. He mirado al pasado con estupefacción y horror, y al futuro no sin cierto temor… El presente, siempre es incierto. Tic tac, tic tac.

Imagen de Concepción Pomar circa 1960 por cortesía de Catalina Aguiló Pomar.
Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Agradecimientos:
No quería terminar esta entrada sin agradecer a mi amigo Jaume (@pdadict) su rápida diligencia a la hora de recoger y enviarme de modo seguro el reloj. Y a mi estimada Mélanie Doublet su ayuda a la hora de recabar información sobre la figura de Abraham Bernard.

5 comentarios en «A Cylinder Pocket Watch by Abraham Bernard Of Bristol»

  1. Cada día me sorprende más de donde sacas tanta información de cosas que no son nada corrientes y con tantos años que han pasado desde que ocurrieron. Aquí hay muchas horas de investigación por lo que te quería felicitar por este gran trabajo.

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