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En 1833, Louis Agassiz, que por aquella época era profesor de historia natural en la universidad de Neuchâtel, empezó la ingente tarea de clasificar los fósiles contenidos en las pizarras del cantón de Glaris y las rocas sedimentarias del Monte Bolca. Durante 10 años que duró su trabajo, publicó los resultados de su estudio en cinco gruesos volúmenes bellamente ilustrados por su colega Joseph Dikel.

Fuente: https://www.biodiversitylibrary.org/item/26658#page/7/mode/1up

Agassiz con el tiempo se afincó en Estados Unidos, convirtiéndose allí en un reputado profesor, llegando a publicar una “Historia Natural de los Estados Unidos” y multitud de artículos científicos, conjuntamente a su trabajo de docente en Harvard. También fue un ferviente defensor del racismo científico, asentado en la escuela antropológica norteamericana, creando un intenso debate contra las teorías evolutivas de su colega Charles Darwin. Hoy resulta paradójico que muchos de los logros y descubrimientos realizados por Agassiz sirvieran en su momento a muchos darwinistas, precisamente para confirmar muchas de las ideas recogidas en la teoría de la evolución.

Louis Agassiz.
Fuente: Dominio público.

En 1847, su hermano Auguste Agassiz (que había seguido un camino muy diferente) toma el control de la empresa relojera donde trabajaba en Saint-Imier y funda su propia compañía “Agassiz“, dotándola, casi al final de su vida, de un característico logo que hará homenaje a los logros conseguidos por su hermano Louis en el campo de la zoología.

Fuente: Dominio público.

Los relojes de Auguste Agassiz también tuvieron un notable éxito en los Estados Unidos, del que el protagonista de nuestra entrada es un buen ejemplo.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Auguste Agassiz, como ya vimos, siguió el camino de relojero (influenciado quizás por sus orígenes hugonotes) y también pasará a formar parte de los anales de la historia por ser el germen fundacional de la marca de relojes Longines. Durante la primera mitad del s. XIX, su manufactura relojera empezó a entrar en expansión gracias a la calidad de sus relojes. El método de fabricación de relojes en suiza era casi prácticamente artesanal. Este método, conocido como el del “L’établissage” consistía en que un técnico relojero o “établisseur” encargaba la fabricación de los componentes a diversos artesanos de la ciudad. El relojero revisaba y examinaba sus encargos, para luego recogerlos, ensamblarlos en su taller y finalmente ajustar los relojes antes de su venta.

Auguste Agassiz.
Fuente: http://www.orologeria.com/italiano/rivista/rivista031.html

Gracias a la influencia de su hermano y familiares que tenía en Estados unidos, Auguste montó una oficina comercial en Nueva York, desde donde distribuía sus relojes por todo el nuevo continente. Si bien la guerra de secesión supuso un parón en las ventas de relojes, al finalizar esta se reactivaron los encargos, pues el apellido Agassiz se había labrado una buena reputación. Ernest Francillon, sobrino de Auguste, poco a poco fue adquiriendo protagonismo en el negocio de su tío, así que tras una larga enfermedad que obligaba a Auguste a tomar largos periodos de descanso, este le cedió el control de su empresa. Ernest, en una declaración de intenciones, colgó un cartel en el taller de Saint-Imier que rezaba: “Ancienne maison Auguste Agassiz, Ernest Francillon, successeur”.

Ernest Francillon.
Fuente: Dominio público.

La entrada de J. Eugene Robert en la filial norteamericana de Agassiz supuso un auténtico revulsivo para la empresa. Es muy posible que este convenciese a Francillon para exportar el modelo de producción automatizado de relojes que se estaba imponiendo en América, tal como vimos en esta entrada. Ernest, sabedor de que no podía dar la espalda al progreso, compró unos terrenos situados en “les Longines” y puso en marcha su propia marca de relojes a la que llamó Longines. Auguste Agassiz ayudó financiando económicamente el proyecto de su sobrino, pero no dejó que su marca desapareciese, volviendo a pasar el testigo a su hijo George Agassiz. Al parecer, los caminos de las marcas se separaron en 1876, pero no está muy claro si las dos empresas colaboraron mutuamente en la fabricación de las mismas. Sí que es cierto que se presentaron conjuntamente relojes de Agassiz y Longines en la Exposición Universal de Filadelfia del mismo año y que la distribución americana de sus productos se realizó igualmente a través de J. Eugene Robert, que años más tarde pasaría el testigo a su yerno Albert Wittnauer. August Agassiz falleció en 1877 y al parecer los derechos de su compañía fueron adquiridos años más tarde (en 1886) por Auguste Sandoz.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Datar los relojes de Agassiz no resulta tarea fácil, ya que Longines no posee los registros de la firma en sus archivos. Tampoco existe, de momento, una base de datos verdaderamente contrastada realizada por aficionados. Aun así, es muy probable que este reloj fuese construido circa 1880, unos años antes de que los derechos de la empresa fuesen adquiridos por Auguste Sandoz. Su Nº de serie es el 42739, pero desafortunadamente no he podido encontrar tampoco ninguna referencia gráfica de un número grabado en la imagen de algún catálogo o anuncio de la época, para poder compararlo. Sin embargo, sí que tenemos un anuncio de 1884, con la imagen de un calibre igual al de nuestro protagonista, para el mercado norteamericano.

Fuente: https://mb.nawcc.org/forums/european-other-pocket-watches.29/

Tanto el calibre como el dial vienen marcados con el nombre de la joyería que vendió este reloj, concretamente el establecimiento “J. Kendall Smith. Newark N.J.“, del que desafortunadamente sólo he podido encontrar un pequeño anuncio insertado en un periódico local de New Jersey fechado en 1886.

Fuente: https://www.newspapers.com/newspage/515306676/

Como hemos dicho anteriormente, los relojes de la compañía Agassiz estaban muy bien considerados en su época por su alto grado de fabricación y ajuste. Sus precios se encontraban a la par con los relojes de exportación de Patek Philippe o de los más altos grados de relojes americanos, como podemos observar en este catálogo ya tardío (de 1910) de un minorista (Harry Burton de Scranton, de Pensilvania).

Fuente: https://mb.nawcc.org/threads/1910-pricing-of-high-grade-12-size-watches.168017/

Tal es así, que al parecer se filtraron bastantes falsificaciones en el mercado, cosa de la que nos advierte este boletín redactado por la oficina de Eugene Robert.

Fuente: https://mb.nawcc.org/forums/european-other-pocket-watches.29/

Aquí se muestra una imagen del logo que siempre debe estar en la placa situada debajo del dial.

Fuente: Dominio público.

Veamos otra vez el calibre para citar algunas de las características del mismo que lo definen como un reloj de “alto grado”.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Lo primero que llama la atención es el regulador “Nautilus” o Wilmot, que ya pudimos apreciar en esta entrada dedicada a un reloj Omega para el mercado canadiense. Este tipo de regulador sólo se montaba en los relojes de más alto grado y es muy típico en los relojes de Agassiz que este tuviese un ángulo recto de 90 grados. Otro de los elementos a destacar es su volante termo-compensado y con los tornillos de ajuste realizados en platino. En la imagen no se puede apreciar demasiado bien, pero la rueda de escape es del tipo “Club Tooth lever escapement” con una áncora contrapesada, que vemos a continuación.

Fuente: Dominio público

Este tipo de escape se popularizó de tal manaera que ha llegado hasta nuestros días. Tenía la ventaja sobre el escape inglés de poder absorber de manera más eficiente la fuerza del impulso del volante, evitando el desgaste por fricción sobre las joyas del áncora. Estas, a su vez, se podían ajustar a una posición más optima para estabilizar la precisión.

Club Tooth lever escapement.
Fuente: https://watchesbysjx.com/2021/05/rolex-chronergy-analysis.html

Algo que llama la atención es que en la platina principal del calibre no venga grabado ni el conteo de joyas (entre 17 y 21) ni su procedencia suiza. Esto es debido a que sin estos datos se pagaban menos impuestos de importación, cosa que no fue posible esconder cuando las leyes proteccionistas del mercado estadounidense se endurecieron en 1900. En 1888, Longines lanzó al mercado su calibre de alto grado 21.59 con el que ganó la medalla de oro de la exposición universal de Paris en 1900 y del que no puedo evitar ver ciertas características de diseño y construcción muy similares al de nuestro Agassiz.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/canadian-market-omega-pocket-watch/

La actual caja del reloj es una “Keystone Coin silver“. No sabría decir con seguridad si la caja del reloj es la originaria; si fuese así, bien podría haber sido el reloj de un trabajador de algún ferrocarril, debido a su resistencia y que su sistema de puesta en hora es del tipo “lever set“, algo indispensable en este ámbito y en aquella época. Pero también tengo que admitir que la mayoría de los relojes Agassiz que he visto llevaban cajas de oro muy bien trabajadas. No hay que olvidar que Agassiz ofrecía relojes con complicaciones y hasta con ébauches de terceros o para prestigiosas joyerías como Tiffany’s, tal como podemos apreciar a continuación.

Quizás los relojes de Agassiz hayan caído en el olvido de los aficionados a la relojería, muy posiblemente debido a la “permanente sombra” que ha ejercido Longines sobre la marca, pero no hay que olvidar que en su época estaban un paso muy adelante en calidad y reconocimiento.

Cuando le doy cuerda y escucho su peculiar sonido, me da por visualizar e imaginar los bellos colores que debían tener los vetustos peces fósiles con que empezamos esta entrada. Es como si cobrasen vida de nuevo.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

5 comentarios en «Agassiz Pocket Watch»

  1. Gracias Miquel por descubrirnos nuevas marcas. Desconocía esta historia de los inicios de Longines.
    Me llama la atención de las marcas de aquella época el papel de los herederos en muchas marcas, siendo la nuevas generaciones las que le dan el salto de calidad quizás por vivir desde que eran pequeños el oficio y querer seguir con el negocio familiar. Creo que esta cultura hoy en día esta desapareciendo siendo pocos los hijos que quieren continuar el negocio de los padres sobre todo si son negocios que exijan mucho sacrificio y trabajo.

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