08/07/2020

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@spitfiremkii

Berlín Este, 10 De Noviembre De 1989

Un maduro Hans arrastra las zapatillas de felpa por el frío linóleo de un pequeño apartamento.

Moja los labios en su taza, ya no humeante. Un rictus de amargor recorre su rostro.

De por sí solo el sucedáneo de café que compra en el economato estatal para funcionarios del partido es malo, pero si además está frío, roza la nausea. Piensa, o eso cree.

Mientras, golpea el termostato de su calefacción. Nunca se acuerda de que es comunitario. Vuelven a tener restricciones.

Intenta recordar que pensaba, pero hoy le cuesta. Los ruido de la noche anterior no le han dejado conciliar bien el sueño.

Más bien era el sueño del proletariado el que se derrumbaba.

Melancólico observa su rostro en el reflejo del cristal. El rostro del maduro Hans.

Un rostro prematuramente ajado, con una sempiterna barba cana mal afeitada. Amarillenta cerca de los labios, tal vez por culpa de la nicotina de sus cigarrillos rusos.

Cigarrillos que fuma sin parar.

Los ceniceros cargados de colillas constituyen, apenas, la única decoración de su apartamento.

Intenta encender la televisión, un zumbido se prolonga, penetrante. Mientras una línea horizontal, blanca, aparece en en centro de la pantalla. Crece a lo ancho lentamente.

Hans vuelve a observar su reflejo en el cristal curvo del monitor.

Que lejos queda ya el joven Hans, Hans el idealista, Hans el soñador, Hans el saltador frustrado

Han pasado más de veinte años desde que fantaseó en saltar el muro. Desde que cronometraba una y otra vez los sesenta segundos. Nunca se atrevió.

El joven Hans se amoldó, encajó en la maquinaria del partido. Se integró en el régimen.

La primera delación le costo, pero a todo se acostumbra uno.

Era el precio a pagar para acceder a un cargo en el ministerio, para las vacaciones en el Mar Negro, para un fantástico Lada… Bien pensado, tampoco le costó tanto.

La siguientes fueron considerablemente más fáciles.

La televisión acaba de encenderse, no está mal para un equipo norcoreano. En la televisión nacional sólo emiten música clásica sobre un fondo fijo con la bandera nacional.

Intenta sintonizar algún canal occidental, finalmente lo consigue, hoy no están interferidos. Se extraña.

Las imágenes que observa le revuelven el estómago, o eso o el maldito sucedáneo, sigue sin creérselo.

En la pantalla soldados con rasgos orientales lanzan sus AK’s al otro lado del muro, mientras trepan por él para aterrizar en Berlín occidental.

Ciudadanos de la RDA, vestidos de forma estrafalaria, abrazos a los capitalistas de la RFA. Aquelarres improvisados en forma de mazas que golpean el hormigón.

También las mazas golpean al ya no joven Hans. En su interior nota como algo se derrumba a la par que el muro.

No puede ser, no puede ser, no puede ser… Observa la fecha en su reloj. Viernes, 10 de noviembre de 1989. Gran invento este calendario perpetuo que sólo dura hasta el año 2000. Sonríe por la ironía del pensamiento.

Seguro que los rusos lo devuelven todo a su cauce. Y cuando todo este arreglado intentará conseguir otro calendario perpetuo hasta el próximo plan quinquenal.

Hasta que esto se calma decide que no irá a trabajar. No quieran cobrarse sus compañeros los años de vigilancia, creyéndose que hoy es el principio… Sólo será otra revuelta y poco más.

Agarra una botella de cognac malo y se vuelve a la cama.

Berlín, ¿10 De Noviembre De 1989?

Hans se despierta cansado, ha dormido mal, arrastra las zapatillas de felpa sobre el frío linóleo de un pequeño apartamento.

Moja lo labios en una taza de un ya tibio sucedáneo de café.

Enciende la televisión. O eso cree.

Mientras en su mente sigue viendo una y otra vez las mismas imágenes de soldados saltando el muro y jóvenes abrazados mientras observan como caen lienzos de muro.

Imágenes que sólo están en su cabeza, mente tan apagada como el televisor.

Bebe un sorbo de cognac y se queda dormido. Cuando lleguen los rusos lo arreglarán, murmura con los labios torcidos.

El joven Gunther, trabajador social, arropa a Hans y mira el reloj que este lleva en la muñeca.

Es bonito, a la vez que original con todo ese galimatías en cirílico. Parece que mantiene perfectamente la hora. Lástima que el fechador se ha quedado perpetuamente marcando entre el 9 y el 10 de noviembre de 1989. Sin llegar a completar el paso de fecha.

Igual que la mente del ya viejo Hans.

El Reloj

PAKETA calendario ¨perpetuo¨

Calibre 2628H de cuerda manual

Caja de 40 mm sin corona

Plexi

Fabricado en la URSS

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