30/03/2020

El Funcionario Paciente

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@spitfiremkii

“!Bito, Bito! ¿Qué me has traído?”, grita un niño de apenas 5 años mientras corre a agarrarse a las piernas de su abuelo.

Don Jaime Fullana, sonríe, se le ilumina el rostro mientra abraza a su nieto y lo lanza hacia el techo.

Mientras el pequeño le cubre de besos, lo baja dulcemente y se lleva la mano al bolsillo derecho de su americana.

Saca un sobre de celofán transparente, con un precinto de cartón azul celeste. En medio del cartón serigrafiado un triángulo rojo con los bordes blanco. Se lee la marca “EKO” y debajo en negrita “Legión española” y “escala HO”. Un sobrecito de soldaditos pintados.

“Pedrito, aquí los tiene, para tu colección. Pero no los abras todavía, hay que merendar y luego repasar matemáticas, para que seas un hombre de provecho el día de mañana.”, dice Jaime

“Pero Bito, yo quiero ser como tú, o sino como papá.”, dice el crío.

“Pedrito, en ambos caso hay que estudiar mucho”, dice mientras vuelve a sonreír. Cosas rara pensarían los que lo no le conocen. Ya que Jaime es un señor muy serio. Con su traje de espiga, sus lentes dorados de montura fina, su recortado y pulcro bigotillo. Y cuando hace frío como hoy, una boina inglesa, de cuadros, cubriendo su calvicie.

La viva imagen de un cumplidor funcionario de hacienda, aunque él solicitó turismo, para más reseñas. ¿Qué otra cosa puede ser sino?

Jaime mira de nuevo el reloj. Se acerca al teléfono y comprueba que hay línea descolgando el auricular. Vuelve a colgar enseguida, no sea que justamente llamen ahora.

Se dirige a la cocina, saca de la despensa un paquete de Marbú dorada y una tableta de chocolate con leche Nestlé extrafino, para que meriende su nieto.

Mientras, Pedrito corre por el pasillo, con un paquete negro en las manos. Una especie de funda de cuero negra y lustrosa. “¡PUM, PUM!”, grita.

Jaime sonríe, aunque con un mohín preocupado, le quita el paquete. Se dirige a la habitación, lo vuelve a poner sobre el comodín y cierra el cuarto con llave, no sin antes mirar que todo está en orden.

La camisa planchada, el traje sobre la cama, también limpio y planchado, el cinturón, los zapatos negros, todo marcialmente en orden.

Suena el teléfono, va rápidamente al recibidor, descuelga. Al otro lado de la línea su amigo Tòfol.

“Jaumet, ¿alguna novedad?”

“Nada, no te preocupes, todo igual. Aún no nos han dicho nada.”

“De acuerdo. Habrá que esperar, ánimos. Espero tus noticias.”, finaliza Tòfol.

Jaime cuelga el teléfono, preocupado. Ya llevan más de ocho horas sin noticias. Que dura es la espera.

Vuelve con su nieto, a la mesa de formica en la cocina.

Saca un papel y su pluma Sheaffer PFM III. Escribe una serie de cuentas, sumas y restas.

No estos modernos conjuntos que les enseñan en la escuela y que no le servirán de nada a su nieto.

Pedrito las hace de cabeza todas, rápidamente, sin equivocarse. Y pregunta “¿Si sé matemáticas podré ser como tú, Bito? ¿O ingeniero como papá?”.

“Por supuesto”, responde su abuelo Jaime, todo orgulloso.

Su nieto ya ha merendado, deja la cocina y se dirige a la sala de estar.

Una estufa de gas, marca “Super Ser”, caldea la habitación hasta niveles casi insoportables.

La televisión, un philips K10 en color ilumina la estancia.

Sintoniza una de las dos únicas cadenas posibles. Emiten un plano fijo del exterior de un edificio, Jaime escucha concentrado.

Pedrito juega sobre la alfombra. Con sus nuevos soldaditos que se unen a su ya amplía colección.

Jaime mira de nuevo la hora en su reloj, mientas Pedrito tal centurión lancea un soldadito con los brazos en cruz.

El niño mira a su abuelo, observa el reloj con ojos golosos. “¿Bito, me darás tu reloj cuando sea mayor?” “Claro que sí”, contesta Jaime.

Ya son las 19:00, empieza a ser hora de que el niño cene y se vaya a casa de sus padres a dormir. Oye subir por las escaleras a su esposa Isabel y a su hija Paquita. Pep su yerno, probablemente esté aún trabajando, delineando el proyecto que empezó el otro día.

Se abre la puerta. Pedrito corre a abrazarlas, a la vez que aprovecha, para dar un susto a su hermanita Carmen.

Las dos mujeres aparentan tranquilidad, a pesar de la tensa espera en un complicado día.

Vuelve a sonar el teléfono, 21:00 marca su reloj de pulsera.

“Tòfol, tranquilo. Diles a todos que tranquilos. De momento esperamos que haya noticias.”

Cena delante de la televisión, cosa que no hace nunca, al menos en la salita de estar. Sigue el mismo plano fijo en la pantalla.

Estofado de albóndigas, un poco de cariñena en un vaso estriado duralex y una manzana bien roja.

Para finalizar de resopón la media tableta de chocolate que dejó su nieto.

Siempre ha sido de buen comer. A pesar de los acontecimientos no se amargará la cena.

Sobretodo si no sabe que le depara mañana, que al menos le pille con el estómago lleno.

Pega una cabezada en el sofá, se despierta por culpa de sus fuertes ronquidos. La televisión sigue en marcha. El mismo programa, que raro con sólo dos canales tanta variedad… piensa irónico.

Vuelve a mirar el reloj, el tiempo a pesar de la marca del mismo, hoy no vuela. 00:30. Suena el teléfono de nuevo. Más de lo mismo, tensión, nervios en la espera ante la falta de noticias.

No quiere irse aún a la cama, quiere estar preparado para lo peor.

Vuelve a dar una cabezada, le despierta la televisión. Suena el himno de España. Mira el reloj 01:14 horas. Escucha atentamente. Apaga la televisión a las 01:23.

Coge el teléfono. “Todo ha ido bien, no importa que nos veamos, no hagáis nada. Nos vemos mañana. Bona nit.”

Se dirige a la habitación, la ropa sigue pulcramente ordenada y lista sobre la cama. El paquete negro sigue sobre el comodín.

Don Jaime Fullana, funcionario con más de 45 años de servicio, mañana no tendrá más trabajo fuera del usual. Parece ser que el jefe lo ha solucionado

Pero no es el traje de espiga el que descansará en el armario del atento y servicial Don Jaime, que trabaja en hacienda.

Jaime acaba de ver y escuchar a su máximo superior en el escalafón por la televisión.

Su Majestad el Rey.

Jaime suspira aliviado. Don Jaime Fullana, comandante de artillería en la reserva, funcionario en el servicio civil, cuelga su uniforme en el armario, recoge los correajes.

El golpe ha fracasado y el Rey ha ordenado acatar la constitución. Jaime como otros varios miles de oficiales no deseaba regresar 45 años atrás y vivirlo otra vez. El posicionamiento del Rey, aunque tardío, los alivia.

Recoge el paquete de cuero negro que estaba aún sobre la mesilla. Comprueba que esté todo correcto, abre la funda, mira su Astra 300, su pistola de servicio. Hoy el niño la ha visto y cogido.

Piensa que la llevará a inutilizar. Después del mensaje del Rey sabe que ya nunca más deberá usarla.

Se quita el reloj. Son las 02:00 del 24 de Febrero de 1981. En 6 horas volverá a la delegación de hacienda a ser un gris funcionario.

Sonríe mientras se duerme contento de haber sido también hoy un funcionario, un funcionario paciente.

Fin

El Reloj

Longines Flagship ref 2503 circa 1960. Calibre Longines 340 automático. Caja de oro 34mm diámetro. Cristal acrílico, Plexi. Correa Cocro Longines Vintages con hebilla Longines.

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