01/04/2020

El Ferrocarril De La Muerte

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@therussianwatchcorner

Me imagino que a todos los coleccionistas de relojes vintage nos agrada pensar que nuestros “guardatiempos” portan consigo parte de la época en que fueron construidos. En algunas ocasiones lo que más nos atrae son sus aspectos técnicos, en otras una estética ya olvidada. En nuestro imaginario solemos crear situaciones que sitúan a los mismos en una parte concreta de la historia.

¿Pero qué ocurre si ese reloj que hemos adquirido tras una laboriosa búsqueda lleva consigo un recuerdo atroz o infame? Es bien sabido que muchos objetos del pasado transportan una herencia maldita, algo inexplicable que contamina nuestro humor y nuestra alma. ¿Acaso no sentirías desasosiego si te sentases en un sillón de la casa Usher? ¿Te atreverías a colgar en el salón de tu casa el retrato de Dorian Gray? ¿Le regalarías a tu hija la muñeca Annabelle?

Afortunadamente nuestro raciocinio nos ayuda a alejar fantasmas presentes y pasados, y la verdad (la histórica) generalmente es bastante más sencilla, aunque nos empeñemos en lo contrario. Así que bastó una pequeña búsqueda en la web (a modo de exorcismo cotidiano) para devolverle a uno de nuestros protagonistas de hoy su estatus más mundano de máquina fabricada para controlar el tiempo. Pero dejaré que juzguéis vosotros mismos, queridos lectores, después de conocer su historia.

En realidad, los relojes a presentar en esta entrada van a ser dos, ya que así me gustaría localizar el interés que tengo por el calibre “ЧК-6” y sus derivados, de los cuales ya vimos dos en otros artículos nuestros (el “Ural” y el fantástico “ChK-28”).

Vamos con el primero y que en su momento me inquietó más. Se trata de un Molnija, presumiblemente fabricado en la Segunda Fábrica de Moscú.

De este reloj quiero destacar la limpieza de su dial, con su banda horaria plateada, su bella pátina y sus aguzas azules. Si observamos con atención el movimiento, vemos que se trata del calibre “ЧК-6”. En este caso no puedo determinar con exactitud si se trata de un calibre fabricado en la SWF o en la fábrica de Chelyabinsk ya que el puente central de este calibre parece no corresponder al resto del reloj. Es decir, es posible que se en algún momento se reparase y se le pusiese este puente, ya que las “Côtes de Genève” que lo decoran no corresponden en trazo con las del resto de los demás puentes.

Como ya vimos en las entradas citadas anteriormente, el origen del calibre “ЧК-6” es bastante curioso. Se dice que Lavrentiy Beria, que era una de las manos derechas de Stalin, poseía un reloj de bolsillo Cortebert con su calibre 620. Según cuentan, se lo enseñó a Stalin y lo convenció para que crease un reloj exactamente igual, lo que significaba dar un salto de calidad sobre los Type-1. Yo necesariamente me pregunto si realmente alguien se puede creer esto.

Para entender qué ocurrió en realidad es necesario considerar el contexto. Al final de la 2ª Guerra Mundial, la USSR se decidió a modernizar toda su industria relojera con la incorporación de las patentes de Lip y sus fábricas, creando nuevos movimientos que darían paso al conocido “Pobeda”. ¿Acaso no pudieron los rusos comprar patentes de Cortebert? Cortebert trabajó para la Alemania nazi suministrando relojes a la Kriegsmarine, mientras que Rolex suministró a la italia fascista. ¿No es posible que Rusia simplemente se llevase calibres o alguna fábrica alemana como “reparación de guerra”, exactamente como ocurrió con Glasshütte? ¿Por qué nadie jamás menciona que Rolex copió sus calibres a Cortebert?

Un buen amigo me hizo ver que en la llamada “tecnología inversa” lo difícil no es copiar un producto, sino la maquinaria para producirlo, y curiosamente, estamos tratando en esta entrada de un momento en la historia en que los soviéticos compran maquinaria y patentes a empresas occidentales para modernizar su industria.

En la imagen inferior podemos ver la evolución de los calibres Cortebert, pasando por Rolex, hasta convertirse en Unitas. Esta evolución nos permite apreciar el dinamismo en la industria relojera, donde se vendían y desarrollaban patentes, se transferían calibres a diferentes marcas, y un largo etcétera. La poca y débil historiografía occidental sobre la relojería soviética se limita a citar copia, o como mínimo inferirla, cuando a la USSR se refiere. Un recurso que a mi parecer es demasiado fácil y utilizado hasta la saciedad.

En unas antiguas imágenes de un catálogo (circa 1950) podemos ver nuestro primer protagonista.

Antes de retomar la gran inquietud que me provocó esta primera pieza, me gustaría enseñaros otra variación del “ЧК-6”, que llegó a mis manos de forma inesperada, pero en circunstancias mucho más felices. En un viaje a Sofía, mi sobrino, sabiendo de mi afición a los relojes soviéticos y de bolsillo, se trajo este segundo Molnija a modo de regalo. La sorpresa fue grande al recibirlo, y todavía lo fue más al abrirlo e inspeccionar su calibre. Se trataba de un calibre de la última hornada de la factoría de Chelyabinsk, antes de que esta se convirtiese definitivamente en Molnija. Es curioso el calibre, ya que viene muy decorado y con microregulador.

Esta variedad del “ЧК-6”, denominado posteriormente como el 3206, fue utilizado en la marca Kristal que también fue fabricada durante un corto periodo de tiempo en Chelyabinsk. Representó en su momento el grado más alto de este calibre. El Sr. Roland Ranftt ofrece una explicación muy precisa sobre las variaciones de este calibre en el tiempo, y sus denominaciones.

Si bien la referencia más antigua de catálogo que he encontrado sobre mi reloj ya es de los 70, hay una de principios de los 60 del mismo calibre (aún no denominado como 3602) pero esta vez referente a un Luch de bolsillo.

Por los años 50, los relojes de bolsillo seguían siendo utilizados con frecuencia en la sociedad rusa, y mucho en ciertos ámbitos de trabajo, como el ferroviario. De aquí deriva el misterio sobre el primer reloj que hemos presentado y la inquietud y desasosiego que me produjo tenerlo en las manos. Para entender el motivo tenemos que observar su trasera.

Por norma general, casi todos los grabados que he podido ver en los relojes soviéticos son dedicatorias a una persona concreta o recuerdan sus efemérides. En este curioso caso no es así, la inscripción reza: “ferrocarril de Stalin”, año 1956 y Nº 105. Evidentemente vi que se trataba de un reloj de dotación de un ferrocarril ¿A qué ferrocarril de Stalin se refería? ¿Se trataba del infame ferrocarril transpolar?

En 1949, Stalin impulsó la construcción de un ferrocarril en Siberia para unir los puertos de Salekhard e Igarka, con las zonas occidentales. Con ello quería impulsar el suministro de níquel y potenciar la red de campos de trabajo o Gulag donde se hacinaban cientos de miles de prisioneros del régimen y antiguos prisioneros de guerra. El propio Beria, que según cuenta la “historia popular” hizo clonar el calibre Cortebert, nutrió con miles de deportados los gulags soviéticos y esto desgraciadamente sí que es historia.

Esta vasta e imposible obra megalómana, era conocida como “el ferrocarril de la muerte. Este siniestro epíteto viene dado por la cantidad de vidas humanas que se cobró su inconclusa construcción. Se calcula que fallecieron en su intento de realizarlo unas 100.000 personas por las duras condiciones de trabajo en invierno, inanición y enfermedades producidas por las inundaciones del deshielo en verano. El estado soviético, por orden expresa de Stalin, dilapidó una absurda cantidad de dinero y de vidas humanas en esta obra megalómana y absurda, que nunca vio su final por los problemas de ingeniería que planteaba y por el fallecimiento del propio dictador en 1953.

Me quedé un poco conmocionado al pensar que este reloj hubiese podido pertenecer a algún encargado, ingeniero o responsable de este infame proyecto, pero en la historia es muy fácil “construir puentes” y caer en el error es todavía más fácil si no hay evidencias claras. Si revisamos la información del grabado de la tapa trasera, este ferrocarril tenía el nombre oficial de “ferrocarril transpolar” y no el de “ferrocarril de Stalin”. En 1953, el proyecto murió con el dictador y el año que aparece grabado en la trasera es 1956, año en que el propio Nikita Krushchev denunció “el culto a la personalidad” para defenestrar al propio Stalin de la memoria de los soviéticos. Al final deseché definitivamente la idea, no sin cierto regusto amargo por lo que pudo haber significado tener un recuerdo vivo de esa infamia.

Finalmente, después de una intensa búsqueda, encontré algo a lo que aferrarme. El “ferrocarril de Yekarina” llamado así en honor a Catalina la Grande, recibió otro nombre oficial, el “ferrocarril de Stalin”, entre los años 1936 y 1961. Este ferrocarril circulaba por la cuenca minera de la región de Donets, desgraciadamente tan conocida por el actual conflicto entre Rusia y Ucrania, y que en su momento de mayor desarrollo contaba con más de 1.200 locomotoras, miles de vagones de carga y cientos de vagones de pasajeros.

En resumen amigos, aunque la verdadera historía de una pieza siempre sea más prosaica, yo la prefiero a tener que enfangar mi ánimo en los pastizales de la tundra siberiana.

6 comentario en “El Ferrocarril De La Muerte

  1. Impresionante Miguel, creo que muchos aficionados a la historia también lo somos al coleccionismo con una cierta antigüedad .
    En el caso de los relojes, con las piezas vintage en concreto, trazar su periplo o poder imaginarlo es terriblemente sugerente (de allí salen algunos relatos …)

    Leyendo la primera parte de la historia, ya me estaba imaginado a Aleksandr Solzhenitsyn, poniendo traviesas mientras una ingeniero con rasgos asiáticos miraba la hora….

    Lo dicho un placer leerte y muchas gracias

  2. Hola Miquel,
    Fantastico como siempre nos has acostumbrado.

    El primer reloj puede ser todo original. Precisamiente en el año 1950 se cambió la decoración con “Cotes de Geneve” mas estrechas a unas mas anchas:

    [url=https://postimg.cc/ZBxBrxWW][img]https://i.postimg.cc/ZR18zfZx/Molnija-1950-a.jpg[/img][/url]

    [url=https://postimg.cc/S2GK3Q7R][img]https://i.postimg.cc/Qt2WBHFQ/Molnija-1950-b.jpg[/img][/url]

  3. Me encanta la historia. No se si fue este ferrocarril el que daba acceso a un puerto en el norte. Stalin empezó a construir a la vez el tren y el puerto. Mucho tiempo después de empezar las obras se dieron cuenta que los calados que se podían conseguir en el puerto no eran suficientes para los barcos de mercancías que querían que atracasen. El puerto no era viable técnicamente hablando. Vamos un despropósito. En el ferrocarril tenían también muchos problemas con la tundra.
    Por cierto Miquel yo quiero sobrinos como los tuyos 😉
    También quería comentar la seriedad de este foro. Nadie ha puesto el grito en el cielo por estas palabras: ¿Por qué nadie jamás menciona que Rolex copió sus calibres a Cortebert? 😁
    En otros foro ya estarías crucificado por meterte con la la corintia 😂😂

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