De Relojes, Perros Y Caza

@joseferra

Todos mis compañeros de afición en Mallorca saben que soy cazador.

Creo que es oportuno describiros un lance, que así se llama en términos de caza, ocurrido la pasada mañana del domingo, 29 de noviembre del 2020. ¿Y por qué una actividad cinegética? Simplemente porque empieza y acaba con un reloj.

Vamos punto por punto…

Un reloj sirve para saber la hora, o para medir el tiempo. Parece un absurdo decirlo en un blog de relojes, pero es que a veces perdemos la verdadera dimensión de nuestros relojes. Son para saber la hora, no para guardarlos en una caja fuerte como inversión de futuro, no para tenerlos en una vitrina y contemplarlos como una obra maestra, no para tenerlos en un cajón olvidados, sin vida, hasta que decides venderlos porque ya no te llenan.

Desde un rudo FW91 de Casio a una herramienta de exhibición de Rolex, todos hacen lo mismo. Me parece una pena que a veces se nos escape esta perspectiva. Algunos me diréis que el móvil da la hora, pero no es lo mismo, es una aplicación muy secundaria de un artefacto diseñado para otros menesteres.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Una vez expuestos mis principios relojeros, vamos al lío o en este caso al lance.

Esa mañana, en Can Picafort hacía mal tiempo, viento y frío. En fin, un día en el que hay pocas ganas de abandonar la cama, pero lo he conseguido. He cogido lo que necesitaba: perro, escopeta y por supuesto reloj. Y después de un ligero desayuno, al campo. Un día totalmente desapacible, típico del mes de noviembre, el cercano mar muy embravecido con una tramontana dura.

Eran las 9:30 cuando conseguí salir de casa. Tarde, pero uno sabe a lo que va. Nadie sale de caza sin tener una idea aproximada de lo que va a hacer. Al final siempre sale todo al revés, pero uno va con un plan establecido. El mío, patearme un tramo de Sta. Margalida que se llama la “Acequia Real”.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Es una acequia, como indica su nombre, de unos tres metros de ancho y dos metros de hondo que siempre lleva agua, incluso en verano.

La idea era pillar una perdiz o un azulón (un ánade real), una anátida, vamos.

Salí con mi perra Oli, un Braco Alemán. Es un can duro, capaz de meterse en las peores zarzas para sacar un conejo o liarse a dentelladas con un mapache, especie invasora en Mallorca, perdiendo otro trozo de oreja en la reyerta. Pero lo lleva en los genes. Animal valiente. Para después tumbarse con santa paciencia para que mi sobrina de cuatro años le rasque la tripa. Cazador versátil, fiel y cariñoso con los niños.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Y mi Ugartechea plana calibre 12, una bella escopeta eibarresa.

El suelo estaba pesado, muy pesado. Las botas de agua se hundían en el barro dificultando el paso. Cazamos como media hora, pegado a la acequia yo y la perra un poco más exterior, entre los barbechos, buscando, corriendo, supongo que disfrutando de hacer lo que le gusta.

Y ocurrió, de repente, un azulón hembra salió del agua con un vuelo rápido, estaba un poco lejos, pero disparé como un acto reflejo y se desplomó como un fardo dentro la acequia.

Fuente: https://seo.org/ave/anade-azulon/

La perra al ver su caída corrió hacia la acequia, saltó dentro. Yo, desde arriba, esperaba ver el cobro. Pero no. La perra estaba inmovilizada a un metro del azulón. No podía moverse dentro del limo, levantaba una pata, pero nada. El limo le llegaba a la espalda.

Sin dudarlo dejé la escopeta en el terraplén y para dentro. Con el primer paso ya me di cuenta de que no sería nada fácil. La bota se me llenó de agua nada más entrar y al realizar el otro paso perdí el equilibrio y caí dentro del barro. ¡Mierda! Un desastre. Me levanté a duras penas. Pensé en el móvil, suerte que es resistente al agua, lo saqué del bolsillo y lo lancé a tierra firme, afortunadamente seca. Rebozado en barro agarré a la perra, la ayudé a ganar terreno firme, con esfuerzo. Cómo no, también puse al azulón en terreno firme. Yo también subí al terraplén, pero en ese momento la Ugartechea resbaló y cayó dentro del lodazal, que debía tener un metro de hondo. ¡Su puta madre! Volví al barro, estuve un rato, para mi bastante largo, hurgando dentro del frío limo y afortunadamente la encontré. Un suspiro de alivio recorrió mi cuerpo.

Volví a subir el terraplén. En ese momento me entró gran satisfacción porque todo estaba bien. Pero todo, absolutamente todo, cubierto de limo. Oliendo a muerto. Pero al fin y al cabo todo bien y a salvo.

Miré la hora y un bulto negro apareció en mi muñeca. Con la otra mano lo limpié. Las 11:30. Mi Sinn 104 seguía en su sitio, funcionando, dando la hora, lleno de barro, pero funcionando. Es duro este cabrón alemán, pensé en ese instante.

Sólo ya llegando a casa conseguí reírme, entre dientes y blasfemando, del suceso.

Por supuesto, limpié el reloj y como nuevo. Para esto sirve un reloj.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

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