Un Encuentro Inesperado: Certina Jubilé Vintage

@spitfiremkii

Las últimas semanas he estado algo ocupado, he leído poco y escrito menos. Entre otras tareas y ocupaciones, vaciar el piso donde mis abuelos maternos residieron los últimos años fue una de las más duras.

Que las últimas imágenes de mi abuela fueran los de una concha casi vacía por la enfermedad, en lugar del recuerdo de la mujer dulce y tierna que nos acompañaba al colegio, no ayudaban en la tarea.

La vivienda en sí no era una que tuviese asociada a mi infancia. Ni rastro de ese hogar con las tardes frías de invierno atemperadas por la somnolienta calidez de una estufa de butano, con pueriles juegos sobre la alfombra de la salita de estar. Tapiz lleno de migas de galleta María y restos de chocolate con leche Nestlé, recién merendados.

Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Aunque no esté llena de vívidos recuerdos, aunque sea más impersonal, más aséptica, la tarea no fue agradable. Siempre una pequeña esencia de las personas que amaste impregna los más recónditos rincones de esta morada, que nunca fue “su” hogar. Una nota manuscrita con pulcra letra, un vestido con aroma a lavanda o un pastillero naufragado te pueden abrir un boquete en el alma.

Así que fuimos acometiendo la tarea, con resignación, vaciando cajones y estantes. Llenado bolsas de ropa destinadas a alguna institución de beneficencia. Desechando viejas revistas y periódicos. Reciclando muebles sin carácter y que nunca pasaron de provisionales.

Finalmente, sólo quedaba un armario en el dormitorio de mis abuelos.

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Armario que no conseguía abrir, probablemente era donde mi abuelo guardaba sus papeles, copias de seguros, declaraciones de impuestos, viejas agenda. Me las imaginaba ordenadas y clasificadas, dado su carácter. Como correspondía al estricto militar y posteriormente pulcro funcionario que fue.

El dichoso armario resistía todo tipo de embestidas, palancas y destornilladores. Probamos cientos de llaves, doblamos afilados cuchillos y hasta entonamos un “Ábrete Sésamo”. Ya desesperado, con la cerradura medio desvencijada pero aun preservando el contenido, la flor de su secreto tal cinturón de castidad, recorrí el interminable pasillo y me decidí a volver a probar con alguna llave de las puertas interiores.

Último intento y totalmente en vano pensaba yo. Ya que recordaba haber probado todas las de la casa. Curiosamente, no se explicar bien porqué, me dirigí al largo pasillo y sólo seleccioné la llave de esa puerta, que separaba la zona de día de la zona de dormitorios. Sólo una, un único disparo a ciegas, una bala de plata antes de dejarlo por imposible o más probablemente antes de sublimar la frustración a golpes con la maldita puerta del infranqueable armario.

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La llave entró suave, casi impúdicamente, el giro en sentido horario se acompañó de un esperanzador click, la puerta cedió ligeramente entreabriéndose. La ayudé con un ligero tirón que venció restos de pintura y dilataciones de la madera. Productos del tiempo y de años, unos diez probablemente de no abrirse. Una cápsula del tiempo, los últimos vestigios de la memoria de mi querido “bito”. Se me erizó la barba, un ligero escalofrío recorría los hombros, bajando por la espina dorsal hasta el coxis. Un ligero temblor acompañaba mis manos.

Agendas ordenadas, directorios y almanaques. Recibos de la luz, declaraciones de renta. En limpios estantes, coronados por lo que fue su eterno sombrero, el que poblaba mis recuerdos. Y en un estante vacío una caja azul. Festina rezaba la serigrafía dorada. Recordé la caja, la del reloj que compré con mi primer sueldo. Pero evidentemente no correspondía. Ese reloj aún lo poseo y estaba más que localizado.

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Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Un “dejà vu”, un destello en mi mente. Las palabras de mi madre sobre que faltaba un reloj de mi abuelo. Yo ya creía tener todos ellos. Mi madre a lo largo de los años, sobre todo en Navidades, insistía sobre un Certina dorado con una correa fixo-flex, insistencia tal letanía. “No mamá, Certina no, Cyma y ya lo tengo” era mi manida respuesta.

Abrí la caja despacio y allí apareció. Un Certina dorado con la trasera de acero, plexi y fixo-flex. Un reloj de los 60, sobrio, elegante funcional.

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Aunque nos pese, las madres siempre tienen razón.

Darle cuerda, un ligero golpe en la palma de la mano y empezar a latir… todo un reencuentro con el pasado.

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Como podéis apreciar se trata de un ejemplar vintage de Certina Jubilé.

Aunque los aficionados conocéis de sobra la marca Certina no está de más hacer un breve repaso a su historia.

Actualmente Certina pertenece al Grupo Swatch, estando posicionada en el escalón de gama media. A la par en precios con otra marca del grupo como es Hamilton.

Pero tal vez con una vertiente más deportiva, más ligada a su logo actual (caparazón de tortuga+DS) que simboliza la protección contra el agua y los golpes que presentan los relojes Certina actuales.

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Fuente: https://www.certina.com/es-en

Ahora bien, la marca se remonta a 1888 cuando empezó con un pequeño taller, regentado por los hermanos Kurth y con solo tres empleados en Grenchen, Suiza.

Si sois aficionados al vintage, Grenchen os sonará como el hogar de otra conocida marca como NIVADA.

Certina en sus inicios únicamente fabricaba ébauches y movimientos completos para otras compañías, para sólo años más tarde compaginar esta actividad con la fabricación de relojes completos.

Llegando a contar en su época de máximo esplendor (1970) con casi mil empleados y producir más de 10.000 relojes a la semana. Relojes de gama media, apreciados por sus clientes e incluyendo en su catálogo alguna pieza emblemática, como los modelos DS (Doble Seguridad) que acompañaron a expediciones al Himalaya, el Sealab II o el experimento submarino Tektite.

Modelos tan emblemáticos que hasta han sido homenajeados por una de las micro marcas españolas más conocidas tal como es Crepas. Creaciones que actualmente la propia Certina intenta recuperar, o al menos su espíritu.

Evidentemente todo esto fue antes de la crisis del cuarzo y su integración en los 80 en el Grupo Swatch como ya hemos mencionado.

Os muestro unas fotografías de como luce tras aplicar un poco de “polywatch” al plexi y el paso de la correa metálica por el limpiador de ultrasonidos (gracias @andreu).

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Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/
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Se trata de un reloj con caja de acero bañada en oro y trasera de acero.

La caja del Jubilé tiene unos escasos 34 mm de diámetro sin corona, 40 mm de longitud (“lug-to-lug”) y apenas 4 mm de altura sin contar el cristal.

El ancho entre asas es de 18 mm. Esta unidad va equipada con un brazalete de 18 mm de la marca fixo-flex. Probablemente comprado a la par que el reloj.

La corona a presión, estriada para facilitar el dar cuerda y sin logo de la marca está ubicada a las 3 h.

A pesar de su diámetro de sólo 4 mm, al no equipar la caja guarda coronas, la operación de carga es fácil y suave.

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Su dial luce un color champagne, algo degradado y con pequeñas manchas producto del paso del tiempo. Los índices están aplicados en dorado, carece de numeración y presenta un pequeño “cross-hairs” para indicar los “small seconds” a las 6 h.

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Con la marca “CERTINA” serigrafiada en negro en la mitad superior del dial y el modelo/familia “Jubilé” justo debajo del cañón de las agujas horarias. Agujas también doradas y muy finas.

Sobre la esfera encontramos un cristal acrílico, Plexi, ligeramente abombado de 30 mm de diámetro. Al carecer prácticamente de bisel, puesto nos provoca la sensación de que el reloj es más grande de lo que es en realidad.

En la parte trasera en acero, aparecen grabados dos filas de números: “4004 125” y “5114384”.

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Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Se corresponde con el formato para identificar modelo y número de serie utilizado por Certina entre 1958 y 1974.

Los dos primeros dígitos indican el movimiento (40) que se corresponde con el calibre Certina 23-20, de 18.000 vph (2,5 Hz), con 17 rubíes y una reserva de marcha de 50 horas.

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Fuente: http://www.ranfft.de/cgi-bin/bidfun-db.cgi?10&ranfft&&2uswk&Certina_23_20

Quiero destacar la robustez y calidad del movimiento. Fue darle cuerda y empezar a funcionar. Aunque no ha pasado por el cronocomparador, tras más de 14 días de marcha continuada, el reloj funciona correctamente, con una desviación inferior a los dos minutos.

Las dos cifras siguientes indican el material de la caja (04), en este caso caja con baño de oro rojo de 20 micras y trasera de acero

El tercer juego de cifras (125) es el modelo, del que no he podido localizar su denominación y descripción exacta.

Por último, la segunda fila es el número de serie

Según tablas correspondería a un reloj fabricado a finales de 1964, tal como se puede ver en este enlace: Certina Case, Movement and Serial Numbers.

En la muñeca es un reloj elegante, algo pequeño para los estándares actuales. Es preciso indicar que le he probado diferentes correas, con estética más actual, pero de momento se queda con la que llevaba.

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Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/
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Fuente: https://www.safonagastrocrono.club/

Se trata de una pieza con escaso valor económico, fácil de encontrar en el mercado de ocasión y/o web especializadas, pero en mi caso posee un enorme valor sentimental.

Realmente es un hallazgo inesperado y tal vez la demostración de que la pasión irracional por los relojes sea hereditaria.

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4 comentarios sobre «Un Encuentro Inesperado: Certina Jubilé Vintage»

  1. Emotivo relato! Gracias Pere. Estos objetos nos hacen viajar en el tiempo…uno que nos pertenece individualmente.

  2. Gracias Pere. Me ha encantado como lo cuentas. Felicidades por el reloj, esos si que son especiales. Mi abuelo tenía uno con esa correa pero nunca lo llegue a encontrar. Tenía todo escondido, mudanzas, etc. y en algún lado se quedaría. Que pena no haber tenido tu suerte.

  3. Muchas gracias por vuestros comentarios sobre esta review atípica.

    Un fuerte abrazo a ambos.

  4. Ya echaba de menos tus relatos. Como siempre un deleite el poder leerte. Muchas gracias

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